San Juan Crisóstomo, obispo y doctor de la Iglesia
Juan nació en Antioquía, en la actual Turquía, hacia el año 349. Estudió retórica con los mejores maestros y, tras unos años de vida monástica, fue ordenado sacerdote. Predicaba tan bien que lo llamaron «Crisóstomo», que en griego significa «boca de oro».
En el año 398 lo nombraron obispo de Constantinopla, la capital del imperio. Allí siguió hablando claro: contra el lujo de los ricos y de la corte, a favor de los pobres, y enseñando que no se puede honrar a Cristo en el altar y despreciarlo en el mendigo que está a la puerta.
Su franqueza le costó cara. La emperatriz Eudoxia y varios obispos lograron que lo desterraran dos veces. Murió agotado en el destierro, en el año 407, y según la tradición sus últimas palabras fueron: «Gloria a Dios por todo».
Para rezar: Di hoy, pase lo que pase, «Gloria a Dios por todo».