San Policarpo, obispo y mártir
Policarpo fue obispo de Esmirna, en la actual Turquía, y había conocido en su juventud al apóstol san Juan y a otros que habían visto al Señor. San Ireneo, que de muchacho lo escuchó predicar, recordaba toda su vida cómo contaba lo que había oído a los apóstoles.
San Ignacio de Antioquía, camino del martirio, le escribió una carta. Ya anciano, viajó a Roma para hablar con el papa Aniceto sobre la fecha de la Pascua. No se pusieron de acuerdo, pero se despidieron en paz y celebraron juntos la Eucaristía.
Hacia el año 155 fue arrestado y llevado al estadio de Esmirna. Cuando el procónsul le pidió que maldijera a Cristo, respondió que llevaba ochenta y seis años sirviéndole y que nunca le había hecho ningún mal: ¿cómo iba a blasfemar contra su Rey, que lo había salvado? Lo quemaron vivo. El relato de su martirio es uno de los más antiguos que se conservan.
Para rezar: Da gracias a Dios por todos los años que llevas en la fe, y pide serle fiel hasta el final.