Una imagen que empezó en una cueva del bosque y hoy recibe, de noche, a los que llegan caminando desde Quito.
En noviembre, cuando cae la tarde, empiezan a salir grupos de gente de los barrios del norte de Quito. Llevan linternas, chompas gruesas, agua y a veces una imagen pequeña de la Virgen en los brazos. Van a El Quinche, un pueblo del valle, a varias horas de camino, donde se venera a Nuestra Señora de la Presentación. Muchos llegan al amanecer.
Hacia 1586, el escultor Diego de Robles recibió un encargo de los indígenas de Lumbisí, un pueblito cercano a Quito: querían una copia de la Virgen de Guápulo, que ya era muy querida en la ciudad. Robles la talló en madera de cedro, pero los de Lumbisí no pudieron pagarle el precio acordado.
El escultor se la llevó entonces a los indígenas de Oyacachi, en las montañas del oriente, que le pagaron con tablones de cedro, justo lo que él necesitaba para su oficio. La tradición cuenta que los de Oyacachi habían visto a una señora en una cueva del monte, y que al ver la imagen reconocieron en ella su rostro.
La Virgen se quedó en Oyacachi, en una gruta, desde 1588. Empezaron a llegar peregrinos, a pesar de lo difícil del camino. En 1604 las autoridades de la Iglesia ordenaron trasladarla a El Quinche, un pueblo más accesible, donde se le levantó un templo. De ese pueblo tomó el nombre con el que hoy la conoce todo el Ecuador.
La imagen fue coronada en 1943. En 1959 el papa Juan XXIII dio a su templo el título de basílica menor, y en 1985 fue declarado santuario nacional. En julio de 2015, en su viaje al Ecuador, el papa Francisco estuvo en El Quinche, donde se reunió con sacerdotes, religiosos y seminaristas.
Los ecuatorianos que emigraron se llevaron la devoción con ellos. Hoy se celebra a la Virgen del Quinche en parroquias de Estados Unidos y de España, donde cada año se reúnen para rezarle lejos de casa.
Las peregrinaciones organizadas desde Quito empezaron a finales del siglo XIX, y hoy la caminata es una de las más multitudinarias del país.
A lo largo de la ruta hay puestos de socorro, voluntarios que dan agua y vecinos que ofrecen algo caliente. Algunos caminan para pedir, otros para dar gracias, otros porque siempre lo hicieron con sus padres.
Las fechas, los horarios y las recomendaciones de seguridad de cada año los anuncian el santuario y la Arquidiócesis de Quito. Consúltalos antes de ir.
Para rezarla en el camino o desde lejos:
Virgen del Quinche, que llegaste a los pobres de Oyacachi cuando otros no podían pagarte: mira a los que hoy caminamos hacia ti.
Te traemos el frío de la noche, los pies cansados y lo que no nos deja dormir. Tú que fuiste presentada en el templo siendo niña, recibe también lo que somos.
Cuida a los que están lejos del Ecuador, a los enfermos y a los que ya no pueden caminar. Y al amanecer, llévanos a tu Hijo. Amén.
Enciende una vela. En Salmodiando puedes encender una vela por tus intenciones, y otras personas rezarán por ellas contigo, desde Quito o desde cualquier otra ciudad.
Reza el Rosario con otros. Como se reza por el camino, pero desde tu casa, con gente que reza a la vez.
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