La Negrita: una pequeña imagen de piedra, hallada donde vivían los que nadie quería cerca.
Cada año, a finales de julio, las carreteras de Costa Rica se llenan de gente que camina. Salen de San José, de Alajuela, de Heredia, de Guanacaste y de pueblos mucho más lejanos, y todos van al mismo sitio: una basílica en Cartago donde se venera una imagen de la Virgen de unos veinte centímetros. La llaman la Negrita, con el cariño con que se nombra a alguien de casa.
En el siglo XVII, al este de Cartago, estaba la Puebla de los Pardos, el lugar donde las leyes de la colonia obligaban a vivir a los mulatos, a los negros y a los mestizos, fuera de la ciudad de los españoles.
La tradición cuenta que el 2 de agosto de 1635, fiesta de Nuestra Señora de los Ángeles, una mujer de ese barrio, a la que se recuerda como Juana Pereira, iba a buscar leña cuando encontró sobre una roca una figurita de la Virgen con el Niño. Se la llevó a su casa y la guardó. Al día siguiente volvió a la roca y la figura estaba otra vez allí. Pasó lo mismo más veces, y la gente entendió que la Virgen quería quedarse en aquel lugar. Allí se levantó una ermita.
La imagen mide unos veinte centímetros. Está hecha de una piedra oscura y representa a María con su Hijo en brazos. Es la Virgen de un barrio pobre y mestizo, y por eso muchos costarricenses la sienten como propia: se apareció a los de afuera.
En 1824, recién nacida la república, la Virgen de los Ángeles fue declarada patrona de Costa Rica. En 1926 fue coronada con la autorización del papa Pío XI.
El templo de Cartago sufrió varios terremotos. El de 1910 dejó la ciudad muy dañada, y en 1912 se empezó a levantar la basílica actual, blanca y de aire bizantino, que hoy es el gran santuario del país. Junto a ella mana una fuente, y muchos peregrinos llenan allí sus botellas de agua para llevarla a casa, a los enfermos o a quienes no pudieron venir.
Desde finales del siglo XIX, la gente camina a Cartago en los días anteriores al 2 de agosto. No hay una sola ruta ni una sola hora: unos salen de noche desde San José, otros llevan días de camino desde el norte o desde el sur del país. Van familias enteras, jóvenes en grupo, abuelos con bastón, personas que cumplen una promesa.
A lo largo de la carretera, vecinos, parroquias y voluntarios reparten agua, fruta y comida a los que pasan, y los equipos de socorro atienden a quien lo necesita. La romería es también eso: un país entero cuidándose en el camino.
Los horarios de las misas y de la procesión los anuncia cada año el santuario. Consúltalos antes de ir.
Para rezarla en la romería o desde lejos:
Virgen de los Ángeles, Negrita de Cartago, que te dejaste encontrar en el camino de una mujer pobre que iba por leña: aquí estamos los que venimos cargando lo nuestro.
Tú escogiste quedarte entre los que vivían afuera. Quédate también con nosotros, en la casa, en el trabajo, en la cama del hospital y en el cansancio del camino.
Presenta a tu Hijo lo que traemos en las manos y lo que no sabemos decir. Y que al volver a casa no volvamos solos. Amén.
Enciende una vela. En Salmodiando puedes encender una vela por tus intenciones, y otras personas rezarán por ellas contigo, desde Costa Rica o desde cualquier otro lugar.
Reza el Rosario. Los misterios de cada día, para rezarlos solo, en familia o por el camino.
Salmodiando te da cada día las horas enteras de la Liturgia de las Horas, con sus himnos, sus salmos y sus lecturas propias, sin que tengas que buscar nada. Puedes rezarlas solo o a coros con tu grupo. Gratis, sin registro y sin anuncios.