La obra de un escultor al que le dijeron que no, a orillas del lago navegable más alto del mundo.
En una península del lago Titicaca, a más de tres mil ochocientos metros de altura, hay un santuario blanco al que los bolivianos llaman con ternura la casa de la Mamita. Dentro está la Virgen de Copacabana, una imagen de la Candelaria con el Niño en brazos, tallada hace más de cuatro siglos por un hombre andino que tuvo que aprender el oficio desde cero para poder hacerla.
Francisco Tito Yupanqui era un indígena de Copacabana, descendiente de la nobleza inca. Hacia 1580 quiso hacer una imagen de la Virgen para la cofradía de su pueblo. Su primer intento, en barro, salió tosco, y el párroco acabó mandando retirarlo del altar.
En lugar de dejarlo, se fue a Potosí a aprender a tallar. Allí trabajó junto a maestros escultores y tomó como modelo una imagen de la Virgen que se veneraba en el convento de Santo Domingo. Talló la nueva figura en madera de maguey, la doró, y la llevó hasta el lago.
El 2 de febrero de 1583, fiesta de la Candelaria, la imagen quedó entronizada en la iglesia de Copacabana. Es uno de los santuarios marianos más antiguos de América del Sur, y desde entonces no ha dejado de recibir peregrinos: del altiplano, de Perú, de toda Bolivia.
La historia de Tito Yupanqui la han contado durante siglos los que rezan allí, y tiene algo que consuela: la Virgen más querida del país la hizo alguien a quien primero le dijeron que su trabajo no valía.
El 1 de agosto de 1925, en el primer centenario de la independencia del país, la imagen fue coronada como Reina de la Nación. La coronó el obispo de La Paz, Augusto Sieffert. En 2025, en el bicentenario de Bolivia, miles de peregrinos celebraron en Copacabana los cien años de aquella coronación.
La devoción viajó lejos. Hace siglos se levantó en la costa de Río de Janeiro una capillita con una réplica de la Virgen de Copacabana, y de ella tomó su nombre la famosa playa brasileña.
El camino a pie cruza el altiplano, con el frío de la noche y el sol fuerte del día, y pasa el estrecho de Tiquina en barca. Los que llegan suelen subir también al cerro del Calvario, junto al pueblo, desde donde se ve el lago entero.
Los horarios de las celebraciones los fija cada año el santuario. Consúltalos antes de ir.
Para rezarla en Copacabana o desde lejos:
Virgen de Copacabana, Mamita del lago, que llegaste a tu pueblo por las manos de un hombre que no se rindió: mira a los que hoy te buscamos.
Tú sabes lo que es que te digan que no vales. Cuida a los que empiezan de nuevo, a los que caminan de noche por el altiplano, a los que están lejos de su tierra y la extrañan.
Llévanos a tu Hijo, que es la luz que tienes en brazos. Y que nunca nos falte su luz, ni en la subida ni en la vuelta. Amén.
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