Nueve noches de oración, villancicos y buñuelos antes de la Nochebuena.
En Colombia, y también en Ecuador y en partes de Venezuela, las nueve noches antes de Navidad tienen su propia oración. Se juntan la familia, los vecinos o los compañeros de trabajo delante del pesebre, alguien lee, los niños tocan panderetas y maracas, y al final hay natilla y buñuelos. Es la Novena de Aguinaldos, una oración escrita en el siglo XVIII que se sigue rezando en las casas, sin necesidad de templo ni de sacerdote.
La escribió fray Fernando de Jesús Larrea, un franciscano nacido en Quito en 1700, que predicó por Ecuador y por Colombia. Lo hizo a petición de Clemencia de Jesús Caycedo, la fundadora del Colegio de La Enseñanza de Bogotá. Por eso esta oración es tan ecuatoriana como colombiana.
El texto de fray Fernando tenía un lenguaje recargado, muy de su época, y así se rezó durante generaciones. En el siglo XIX, una religiosa de ese mismo colegio, la madre María Ignacia, que en el mundo se había llamado Bertilda Samper Acosta, lo revisó y le añadió los gozos, los versos cantados que hoy todo el mundo asocia con la Novena. Después, el texto se ha seguido adaptando a un castellano más sencillo.
Nació, pues, en un colegio, y se nota: está pensada para que la recen juntos niños y mayores, cada uno con su parte.
El nombre viene de los aguinaldos, los regalos de Navidad. También se llaman así los juegos que se hacen estos días entre amigos y familia, como «pajita en boca», «sí y no» o «dar y no recibir», que duran hasta la Nochebuena.
Todas las noches tienen la misma estructura. Solo cambia la consideración, que va recorriendo la espera de María y José hasta Belén.
Muchos versos de los gozos recogen los antiguos títulos que la liturgia da al Mesías en los últimos días de Adviento: Sabiduría, Adonai, Raíz de Jesé, Llave de David, Sol que nace de lo alto. Son las mismas antífonas que se cantan en las Vísperas del 17 al 23 de diciembre.
Después llegan los villancicos de siempre, «Tutaina», «Los peces en el río», «Campana sobre campana», y los de cada región. Cada familia tiene los suyos.
No hace falta nada especial. Basta un pesebre, aunque sea pequeño, y el texto de la Novena, en librito o en el celular.
Si un día no pueden reunirse, se reza la del día siguiente y ya está. La Novena es una compañía, no un examen.
Para rezarla al terminar los gozos, o sola, cualquier noche de diciembre:
Niño Jesús, que llegaste pequeño a una casa que no estaba preparada: aquí estamos, alrededor de este pesebre, con lo que somos y con lo que nos falta.
Te traemos a los que se sientan hoy a esta mesa y a los que ya no se sientan. A los que están lejos, a los que pasan esta Navidad solos o con el corazón cansado.
Ven a nuestras casas como viniste a Belén, sin hacer ruido. Que la alegría de estas noches no se nos acabe el 25. Amén.
Reza las Vísperas. Del 17 al 23 de diciembre, la oración de la tarde de la Iglesia canta las antífonas de la O, las mismas que resuenan en los gozos. En Salmodiando las tienes cada día, enteras.
Enciende una vela. Por tu familia, por los que no estarán en la Nochebuena, y otras personas rezarán contigo.
Salmodiando te da cada día las horas enteras de la Liturgia de las Horas, con sus himnos, sus salmos y sus lecturas propias, sin que tengas que buscar nada. Puedes rezarlas solo o a coros con tu grupo. Gratis, sin registro y sin anuncios.