Una Virgen de madera más pequeña que la palma de una mano, que un campesino encontró de noche en el monte.
Mide seis centímetros y medio. Es de cedro oscuro, tiene las manos juntas y la cara morena. Va vestida con un manto lleno de estrellas y rodeada de un marco de rayos. Es tan pequeña que hay que acercarse mucho para verla bien, y sin embargo es la patrona de Honduras y la «Morenita» a la que acude medio país.
A comienzos de 1747, un joven campesino llamado Alejandro Colindres volvía de trabajar en el campo, en las laderas del cerro El Piligüín, cerca de Tegucigalpa. Iba con un muchacho, Lorenzo Martínez. Se les hizo de noche y se acostaron a dormir en el monte.
Cuenta la tradición que Alejandro notaba algo que le molestaba en el costado. Lo agarró sin mirar y lo tiró lejos. Al rato volvió a sentir lo mismo. Lo guardó entonces en su morral, y al amanecer vio lo que era: una pequeña imagen de la Virgen, tallada en madera.
La llevó a la casa de su familia, en la aldea de Suyapa. Allí se quedó unos veinte años, en un altar doméstico, y los vecinos empezaron a ir a rezarle.
Para su fiesta, la pequeña imagen se traslada de la capilla a la basílica, porque la gente no cabría en ningún otro sitio. Llegan peregrinos de toda Honduras y de los países vecinos, muchos caminando desde Tegucigalpa y desde pueblos lejanos, con promesas que cumplir.
Dos veces la robaron, y las dos volvió. La última, en 1986, apareció al día siguiente, despojada de sus adornos de oro y de plata.
Los horarios de misas y los actos de la fiesta los fija cada año la basílica. Consúltalos antes de ir.
La Virgen de Suyapa no llegó con una aparición ni con un mensaje. Llegó a un hombre cansado que dormía en el suelo y que, la primera vez, la tiró sin mirar. Quizá por eso la sienten tan cercana: no pidió un templo, se dejó guardar en un morral y se quedó veinte años en una casa de campesinos.
Hoy su imagen está en las casas, en los buses, en los negocios, y también en las comunidades hondureñas de Estados Unidos y de España. Desde 2013 hay incluso una réplica suya en los Jardines Vaticanos.
Para rezarla en Suyapa o desde donde estés:
Virgen de Suyapa, pequeña Madre morena, que te dejaste encontrar por un campesino cansado en medio de la noche: encuéntranos también a nosotros cuando dormimos a la intemperie.
Te encomendamos a Honduras, a los que trabajan la tierra, a los que se fueron buscando una vida mejor y a las familias que los esperan.
Tú que cabes en una mano, quédate en nuestras casas. Y si alguna vez te apartamos sin mirar, vuelve otra vez. Amén.
Enciende una vela. En Salmodiando puedes encender una vela por tus intenciones, y otras personas rezarán por ellas contigo, desde Honduras o desde cualquier otro país.
Reza el Ángelus. Tres veces al día, un momento para recordar el sí de María.
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