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San Juan Pablo II

El papa que vino de Polonia y recorrió el mundo.

Memoria libre el 22 de octubre, aniversario del comienzo de su pontificado en 1978.

Para toda una generación fue, sin más, «el papa»: el que estaba cuando eran niños y seguía estando cuando ya eran adultos. Karol Wojtyła llegó a Roma con la guerra, la cantera y la persecución a sus espaldas, y se despidió sin esconder la enfermedad que lo iba apagando. Entre una cosa y otra quedan más de veintiséis años de viajes, documentos y gestos, como el día en que fue a la cárcel a hablar con el hombre que le había disparado.

Rezar la hora de hoy

De Wadowice a Cracovia

Karol Józef Wojtyła nació el 18 de mayo de 1920 en Wadowice, una pequeña ciudad del sur de Polonia, y fue el menor de tres hijos. La familia se le fue deshaciendo muy pronto: su madre, Emilia, murió en 1929; su hermano Edmund, que era médico, en 1932, y su padre, suboficial del ejército, en 1941. Karol tenía entonces veinte años.

En 1938 se matriculó en la Universidad Jagellónica de Cracovia. Al año siguiente las fuerzas de ocupación nazis cerraron la universidad. Para poder vivir y no ser deportado a Alemania trabajó de 1940 a 1944 en una cantera y después en la fábrica química Solvay, y en esos mismos años fue uno de los promotores del Teatro Rapsódico, que funcionaba a escondidas.

Desde 1942 se preparó para el sacerdocio en el seminario clandestino que dirigía el arzobispo de Cracovia, Adam Stefan Sapieha. Fue ordenado sacerdote el 1 de noviembre de 1946 y enviado a Roma, donde se doctoró en teología en 1948. Después fue capellán de universitarios y profesor de ética en Cracovia y en Lublin. Pío XII lo nombró obispo auxiliar de Cracovia en 1958. Participó en el Concilio Vaticano II, en 1964 fue nombrado arzobispo de la ciudad y en 1967 Pablo VI lo hizo cardenal.

Un polaco en la sede de Pedro

El 16 de octubre de 1978 el cónclave lo eligió papa. Era el primero que no era italiano en 455 años, desde Adriano VI.

Seis días después, el 22 de octubre, celebró en la plaza de San Pedro la misa con la que empezó su ministerio. De aquella homilía se recuerda sobre todo una exclamación: «¡No tengáis miedo! ¡Abrid, más aún, abrid de par en par las puertas a Cristo!» (traducción nuestra del original italiano).

Veintiséis años y medio de pontificado

Fue papa desde octubre de 1978 hasta abril de 2005, uno de los pontificados más largos de la historia. Hizo 104 viajes apostólicos fuera de Italia y escribió 14 encíclicas. Instituyó las Jornadas Mundiales de la Juventud, promulgó en 1992 el Catecismo de la Iglesia Católica y en 2002 propuso añadir al Rosario los misterios luminosos, centrados en la vida pública de Jesús. Proclamó 1.338 beatos y 482 santos.

Su apoyo a su país natal pesó en los cambios que llevaron al final de los regímenes comunistas en Europa del Este. El 27 de octubre de 1986 reunió en Asís a representantes de otras Iglesias y de otras religiones para rezar por la paz, y el 12 de marzo de 2000 pidió perdón en San Pedro por los pecados cometidos por hijos de la Iglesia a lo largo de la historia. Su lema, Totus tuus («todo tuyo»), expresaba su confianza en la Virgen.

España y América en su camino

Vino cinco veces a España. La primera, del 31 de octubre al 9 de noviembre de 1982, fue la más larga y lo llevó de Ávila a Santiago de Compostela. En 1984 se detuvo unas horas en Zaragoza camino de América; en 1989 presidió en Santiago la IV Jornada Mundial de la Juventud, y en 1993 estuvo en Sevilla, en un Congreso Eucarístico Internacional, y en Madrid consagró la catedral de la Almudena.

La última visita fue en mayo de 2003, ya muy enfermo. En la base aérea de Cuatro Vientos, ante miles de jóvenes, se definió a sí mismo como «un joven de 83 años», y al día siguiente canonizó en la plaza de Colón de Madrid a cinco españoles: los sacerdotes Pedro Poveda y José María Rubio y las religiosas Ángela de la Cruz, Genoveva Torres y Maravillas de Jesús.

En América Latina estuvo muchas veces. Su primer viaje como papa, en enero de 1979, fue a la República Dominicana y a México, y en 2002 volvió a la basílica de Guadalupe para canonizar a Juan Diego, el indígena del Tepeyac.

Los disparos del 13 de mayo

El 13 de mayo de 1981, mientras saludaba a la multitud en la plaza de San Pedro, el turco Mehmet Ali Ağca le disparó desde muy cerca. Estuvo muy grave. Era el aniversario de la primera aparición de Fátima, y el papa atribuyó siempre a la Virgen haber salido con vida; la bala que se encontró en su vehículo acabó engastada en la corona de la imagen que preside el santuario portugués.

Cuatro días después, desde el hospital, dijo que rezaba por el hermano que lo había herido y que lo había perdonado sinceramente. El 27 de diciembre de 1983 fue a verlo a la cárcel romana de Rebibbia. Hablaron a solas unos veinte minutos; aquella conversación nunca se contó por completo, pero la fotografía de los dos, sentados muy cerca, dio la vuelta al mundo.

La fragilidad a la vista de todos

En sus últimos años el párkinson le fue quitando la movilidad y la voz, y siguió apareciendo en público sin esconderlo. Murió en el Vaticano el 2 de abril de 2005, la víspera del domingo de la Divina Misericordia, la fiesta que él mismo había extendido a toda la Iglesia en el año 2000.

Benedicto XVI lo beatificó el 1 de mayo de 2011, y el papa Francisco lo canonizó el 27 de abril de 2014, junto a Juan XXIII; las dos fechas cayeron también en el domingo de la Divina Misericordia. Francisco lo llamó aquel día «el papa de la familia», como él mismo había dicho que le gustaría ser recordado. Ese mismo año su memoria entró en el calendario general de la Iglesia como memoria libre el 22 de octubre, la fecha que se sigue en España y en Latinoamérica.

Una oración para perder el miedo

Las oraciones que circulan para pedir su intercesión son recientes y no reproducimos ninguna. Te proponemos esta, compuesta para Salmodiando:

Señor, tú llamaste a Karol desde una pequeña ciudad de Polonia y lo sostuviste en la guerra, en la enfermedad y en el dolor. Gracias por su vida entregada y por su manera de no tener miedo.

Te pido por las familias, por los jóvenes que buscan su camino y por los enfermos que viven su fragilidad a la vista de todos, como él.

Dame un corazón capaz de perdonar a quien me ha hecho daño, aunque me cueste, y de confiar en tu misericordia. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

El 22 de octubre, en Salmodiando

Para rezar con lo que él dejó a la Iglesia:

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