Para cuando alguien que quieres está enfermo, y para quien lo cuida.
Cuando alguien querido enferma, lo primero que suele aparecer es la impotencia: no puedes curarlo, a veces ni siquiera sabes qué decir. Rezar por él no es un truco para cambiar el diagnóstico, sino una manera de no dejarlo solo: ponerlo en manos de Dios y quedarte a su lado con más paz.
Los Evangelios están llenos de enfermos que se acercan a Jesús, o a los que otros llevan en camilla, y de familias que le piden por un hijo o un amigo. Rezar por alguien es hacer eso mismo: llevarlo ante Dios cuando él no puede, o cuando le faltan las fuerzas.
No se trata de prometer una curación. Nadie sabe cómo va a responder Dios, y la oración no sustituye a los médicos ni a los tratamientos, que también son un don suyo. Se reza pidiendo la salud, sí, y también fuerza para el enfermo, acierto para quienes lo atienden y paz para los que lo cuidan.
Durante mucho tiempo se llamó extremaunción y se dejaba para el último momento, por eso a muchas familias les da miedo pedirla. Hoy se entiende de otra manera: es el sacramento de quien está gravemente enfermo o muy debilitado por la edad, y no solo de quien va a morir. Se puede recibir antes de una operación importante, y repetir si la enfermedad se agrava.
La administra un sacerdote, que reza por el enfermo, le impone las manos y lo unge con el óleo en la frente y en las manos. Si es posible, conviene pedirla cuando el enfermo está consciente, para que pueda vivirla. Basta con llamar a la parroquia o al capellán del hospital. Quien no puede ir a misa también puede recibir la comunión en casa.
Esta oración está escrita para esta página. Donde dice «él», puedes decir su nombre:
Señor Jesús, que te acercabas a los enfermos y los tocabas sin miedo: te traigo a alguien a quien quiero. Tú conoces su nombre, su cuerpo cansado y lo que siente por dentro.
Si es posible, devuélvele la salud. Y mientras tanto, dale fuerza para cada día, alivio en el dolor y paz en la noche. Guía las manos de los médicos y de las enfermeras que lo atienden.
Sostén también a los que lo cuidamos, cuando nos falten las fuerzas o no sepamos qué decir. Que ninguno de nosotros se sienta solo, porque tú estás aquí. Amén.
Salmodiando te da cada día las horas enteras de la Liturgia de las Horas, con sus himnos, sus salmos y sus lecturas propias, sin que tengas que buscar nada. Puedes rezarlas solo o a coros con tu grupo. Gratis, sin registro y sin anuncios.