La Generala, la Zapopanita: una imagen pequeña que cada año recorre Guadalajara y vuelve a casa acompañada por una multitud.
Cada 12 de octubre, antes de que amanezca, las calles entre el centro de Guadalajara y Zapopan se llenan de gente. Hay danzantes con penachos y sonajas, familias que llevan toda la noche esperando, abuelos en silla de ruedas y niños sobre los hombros de sus papás. Todos acompañan a una imagen de la Virgen que mide poco más de treinta centímetros y que vuelve a su casa después de meses de visitas.
La imagen de Nuestra Señora de Zapopan es muy pequeña: unos treinta y cuatro centímetros. Está hecha con pasta de caña de maíz, una técnica de los artesanos purépechas de Michoacán, que molían la caña y la mezclaban con un pegamento natural para modelar figuras ligeras que se podían llevar a cualquier parte.
La trajo a estas tierras en el siglo XVI el franciscano fray Antonio de Segovia, que la llevaba consigo en sus viajes de misión. La tradición cuenta que, en los años de la guerra del Mixtón, hacia 1541, el fraile se presentó ante los pueblos alzados con la imagen colgada al cuello, y que muchos vieron salir de ella una luz y aceptaron la paz. Por eso se la llama también la Pacificadora. Según la misma tradición, a finales de 1541 fray Antonio dejó la imagen al pueblo de Zapopan, y allí sigue.
En 1734, después de años de tormentas, rayos y epidemias, Guadalajara la tomó como protectora y se comprometió a llevarla cada año a la ciudad. Así nació la costumbre que hoy se llama la Llevada: la imagen sale de su basílica y, durante varios meses, desde mayo hasta octubre, visita uno tras otro templos y parroquias de toda la zona metropolitana. En cada barrio la reciben con misa, flores, música y vigilia.
El ciclo termina con la Romería del 12 de octubre: la vuelta de la Virgen desde la catedral de Guadalajara hasta la basílica de Zapopan, algo más de nueve kilómetros. En 2018 la UNESCO inscribió La Romería, ciclo ritual de La Llevada de la Virgen de Zapopan, en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Ese año caminaron unos dos millones de personas y bailaron unos treinta y cinco mil danzantes de casi trescientos grupos.
El calendario de visitas y los horarios de la Romería los publica cada año la Arquidiócesis de Guadalajara. Consúltalos antes de ir.
Muchos tapatíos no se pierden la Romería desde niños. Hay quien la camina entera cada año por una promesa, quien espera en la misma esquina donde esperaban sus abuelos, quien se acerca a la basílica unos días después, cuando ya no hay tanta gente, para dar gracias en silencio.
Y durante los meses de la Llevada, la Virgen se vuelve vecina. Llega a la parroquia de la colonia, la gente sale a recibirla y se turna para acompañarla, y después sigue su camino. Es una forma muy sencilla de decir que María no se queda esperando en su santuario: sale a buscar a los suyos.
Para rezarla en la Romería o desde lejos:
Virgen de Zapopan, pequeña y ligera para poder ir a todas partes: tú que visitas cada año las casas y los barrios de tu pueblo, visítanos también a nosotros.
Tú que llevaste paz a los que estaban en guerra, pon paz en lo que hoy se nos rompe: en la familia, en las calles, en el corazón cansado.
Acompáñanos de vuelta a casa, como te acompañamos nosotros, y llévanos siempre a tu Hijo. Amén.
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Reza las Laudes. La Romería empieza de madrugada; la oración de la mañana de la Iglesia está cada día en Salmodiando, entera.
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