Para cuando la inquietud aprieta y no sabes ni cómo rezar.
La ansiedad no es falta de fe. Les pasa a personas muy creyentes, y los salmos están llenos de gente que se siente acorralada, que no duerme, a la que se le encoge el corazón. Rezar en esos momentos no significa hacer como si no pasara nada, sino decirle a Dios lo que te pasa, tal como es, y dejar que te acompañe.
La oración no quita la ansiedad como una pastilla, y no conviene prometerlo. Pero puede ayudarte a no estar solo con ella. Muchas personas encuentran alivio en rezar despacio, al ritmo de la respiración, con palabras breves que se repiten, o simplemente en quedarse en silencio sabiendo que Dios está ahí.
Jesús también sintió angustia: en Getsemaní, la noche antes de morir, dijo que estaba triste hasta la muerte (Marcos 14,34). No te pide que estés tranquilo para acercarte a él. Puedes llegar tal como estás.
Y con delicadeza, algo importante: si la ansiedad dura semanas, te impide trabajar o dormir, o te trae ataques de pánico, habla con tu médico o con un psicólogo. Pedir ayuda no es desconfiar de Dios; muchas veces es a través de esas personas como llega su cuidado.
Estos tres salmos se han rezado durante siglos en momentos de miedo. Léelos despacio, en tu Biblia o en Salmodiando, y quédate con la frase que más te toque:
El Nuevo Testamento añade dos invitaciones que puedes llevar contigo: no angustiarte por nada y presentar a Dios todo lo que te preocupa (Filipenses 4,6-7), y descargar en él tu inquietud, porque se interesa por ti (1 Pedro 5,7).
Esta oración está escrita para esta página. Rézala despacio, respirando entre una frase y otra:
Señor, ahora mismo no estoy bien. Tengo el pecho apretado y la cabeza llena de cosas que no puedo controlar. No sé ni cómo rezarte, así que te lo digo tal como es.
Tú me conoces por dentro. Sabes lo que me preocupa y también lo que ni siquiera sé nombrar. No te pido que desaparezca todo de golpe; te pido que te quedes conmigo, en este momento, en esta respiración.
Como un niño en brazos de su madre, quiero descansar en ti, aunque me cueste. Dame la paz que no sé darme y pon a mi lado a las personas que puedan ayudarme. Amén.
Si lo necesitas, repite solo una frase, como «Señor, estoy contigo», al ritmo de la respiración, hasta que el cuerpo se calme un poco.
Salmodiando te da cada día las horas enteras de la Liturgia de las Horas, con sus himnos, sus salmos y sus lecturas propias, sin que tengas que buscar nada. Puedes rezarlas solo o a coros con tu grupo. Gratis, sin registro y sin anuncios.