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Novena de Navidad

Nueve días de oración, con una meditación para cada día.

Del 16 de diciembre al 24 de diciembre. Fiesta el 25 de diciembre.

El 25 de diciembre se celebra que Dios se hace niño y nace en Belén. Durante los nueve días anteriores, quien quiera puede prepararse acompañando a María y a José en su camino: cada día, una meditación breve, tu petición en silencio, un Padre nuestro, un Avemaría y un Gloria, y la oración final. En Colombia, Venezuela y Ecuador se reza en familia, entre villancicos, y se llama novena de aguinaldos.

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Cómo se reza

  1. La meditación del día.
  2. Tu petición. En silencio, cuéntale al Niño que viene lo que llevas hoy en el corazón, tal como está.
  3. Un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
  4. La oración final, que es la misma los nueve días.

Los nueve días:

Día 1Día 2Día 3Día 4Día 5Día 6Día 7Día 8Día 9

Día 1. Un camino hacia Belén

16 de diciembre

«Subió José desde Nazaret de Galilea a la ciudad de David, llamada Belén.» (Lc 2,4)

La historia de la Navidad empieza con un viaje que nadie había elegido. Un decreto lejano, un censo, y María y José se ponen en camino, ella a punto de dar a luz. Son varios días a pie desde Nazaret hasta Belén, con lo justo, por caminos de piedra. No saben dónde dormirán. Tampoco saben muy bien qué está pasando, solo que Dios anda en medio. Durante estos nueve días puedes caminar con ellos, un día cada vez. Hoy no hace falta llegar a ningún sitio. Basta con acompañarlos un trecho, a su paso, y dejar que el camino haga lo suyo. También tú llevas a cuestas cosas que no elegiste. Puedes llevarlas a Belén con ellos.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 2. La Sabiduría que aprende

17 de diciembre

«Yo salí de la boca del Altísimo.» (Si 24,3)

Desde hoy y hasta el 23, en la oración de la tarde, el Magníficat va acompañado de unas antífonas muy antiguas, las antífonas de la O, porque todas empiezan con esa exclamación de asombro. La primera llama al que va a venir «Sabiduría, que saliste de la boca del Altísimo». Es la Palabra por la que todo fue hecho, la que ordena el mundo con fuerza y con suavidad. Y esa Sabiduría, dentro de unos días, no sabrá hablar. Llorará, tendrá hambre, necesitará que le enseñen a andar. Así elige Dios aparecer: aprendiendo. Quizá hoy no entiendas muchas cosas de tu vida. No pasa nada. La sabiduría de Dios cabe en un niño que todavía no entiende nada, y aun así lo sostiene todo.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 3. El fuego que no quema

18 de diciembre

«La zarza ardía, y no se consumía.» (Ex 3,2)

La antífona de hoy llama al que viene «Adonai», Señor, y recuerda a Moisés ante la zarza del desierto. Moisés se acerca por curiosidad a un arbusto que arde sin quemarse, y allí Dios le habla, le dice su nombre y le cuenta que ha visto el sufrimiento de su pueblo. Es un Dios que ve, que escucha y que baja a liberar. Ese mismo fuego va a arder dentro de unos días en un cuerpo de niño, sin quemar a nadie. Dios no llega para asustar, sino para quedarse cerca. Si hoy te sientes en tierra seca, en un desierto propio, puedes acercarte sin miedo, descalzo, como Moisés. El Señor ya ha visto lo que te pasa.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 4. Un brote en un tronco cortado

19 de diciembre

«Saldrá un retoño de la raíz de Jesé.» (Is 11,1)

Jesé era el padre del rey David. Cuando Isaías escribe, la familia de David parece un árbol talado: un tocón viejo, sin hojas, del que ya nadie espera nada. Y justo ahí, el profeta ve brotar algo verde. La antífona de hoy lo canta: «Raíz de Jesé, alzada como señal para los pueblos». Dios tiene la costumbre de empezar por donde ya no quedaba esperanza. Una pareja joven sin recursos, de camino, lejos de casa. Un pueblo pequeño. Un niño. Quizá tú también tengas en tu vida algo que parece un tronco cortado: una relación, un proyecto, una fe que se quedó seca. No hace falta forzar nada. Los brotes salen despacio y a su tiempo. Basta con no arrancar la raíz.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 5. Puertas cerradas, una llave

20 de diciembre

«Abrirá, y nadie cerrará; cerrará, y nadie abrirá.» (Is 22,22)

María y José ya están cerca de Belén. Pronto llamarán a varias puertas y oirán que no hay sitio. San Lucas lo cuenta con una sola frase, sin adornos: no había lugar para ellos en la posada. La antífona de hoy llama al que viene «Llave de David», el que abre y nadie puede cerrar. Es curioso: el que tiene la llave de todo nace fuera, porque no le abren. Esta noche muchas personas duermen también fuera, en la calle, en un coche, en un albergue, lejos de su tierra. Al rezar hoy, puedes pensar en ellas con nombre y con cara. Y puedes mirar qué puertas tuyas siguen cerradas, sin reproches, solo para saber por dónde podría entrar él.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 6. La noche más larga

21 de diciembre

«El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz.» (Is 9,1)

El 21 de diciembre es, en el hemisferio norte, el día más corto del año y la noche más larga. Precisamente hoy la antífona llama al que viene «Oriente», el sol que nace, resplandor de la luz eterna. Isaías lo había escrito para un pueblo que andaba a oscuras, sin saber adónde ir: vieron una gran luz. La luz de Belén no será un foco que deslumbra. Será pequeña, como la de una lámpara en un establo, pero suficiente para ver la cara de un niño. Desde hoy los días empiezan a alargarse, poco a poco, casi sin notarlo. Así suele llegar la luz de Dios. Si estás pasando una noche larga, no te pide que la acortes. Te acompaña hasta que amanezca.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 7. Una mesa para todos

22 de diciembre

«Él es nuestra paz: de los dos pueblos hizo uno.» (Ef 2,14)

La antífona de hoy llama al que viene «Rey de las naciones», piedra angular que une a todos. Un rey extraño, que no llega con ejército y que reúne sin obligar. Alrededor del pesebre se juntarán pastores de la zona y sabios venidos de lejos, gente pobre y gente con regalos caros, judíos y extranjeros. Nadie queda fuera. En estos días muchas familias se reúnen, y a veces eso trae alegría y a veces trae heridas, sillas vacías, conversaciones difíciles. Otras personas pasarán la Navidad solas. Hoy puedes rezar por todos ellos: por tu familia tal como es, por los que se echan de menos, por los que no tienen con quién sentarse. El Niño viene a hacer de todos una sola mesa.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 8. José, que acoge sin entender

23 de diciembre

«Le pondrán por nombre Emmanuel, que significa Dios con nosotros.» (Mt 1,23)

La última antífona lo dice todo en una palabra: Emmanuel, Dios con nosotros. San Mateo cuenta cómo lo recibió José. Descubre que María espera un hijo que no es suyo, y no entiende nada. Piensa en separarse de ella en secreto, para no exponerla. Entonces, en sueños, oye: no temas. Y José se levanta y se lleva a María a su casa. No pide explicaciones ni garantías. Acoge. De José no se conserva ni una sola palabra en los evangelios, pero sin él no habría habido casa, ni camino a Belén, ni manos que sostuvieran al niño. A veces tampoco tú entiendes lo que te pasa. Puedes hacer como él: no tener miedo, y hacer sitio. Dios con nosotros empieza por ahí.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 9. Un Dios que se deja cuidar

24 de diciembre

«Encontraréis un niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre.» (Lc 2,12)

Esta noche, en los campos de Belén, unos pastores hacen guardia junto a su rebaño. Gente sencilla, acostumbrada al frío y a no contar mucho para nadie. A ellos llega el primer anuncio. Y la señal que reciben no es un palacio ni un prodigio: es un niño envuelto en pañales. Dios, que lo sostiene todo, se deja envolver, dar de comer, dormir en brazos de su madre. Se deja cuidar. Quizá esta noche estés rodeado de gente, o quizá estés solo. En los dos casos, el pesebre queda a la misma distancia. Puedes acercarte como los pastores, con lo que lleves puesto, sin preparar nada. Terminas la novena, y lo que empieza es mucho más grande: Dios ya está con nosotros.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Oración final

Niño Jesús, que vienes sin hacer ruido, pequeño y pobre, en una noche como tantas: encuéntrame como esté. No tengo gran cosa que ofrecerte, pero te hago sitio. Entra en mi casa, en lo que está ordenado y en lo que no. Lleva tu paz a los que quiero, y quédate cerca de los que esta Navidad estarán solos, de los que no tienen techo y de los que echan de menos a alguien. Que aprenda de María a esperarte y de José a acogerte sin entenderlo todo. Ven, Señor Jesús.

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