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Novena al Señor de los Milagros

Nueve días de oración, con una meditación para cada día.

Del 19 de octubre al 27 de octubre. Fiesta el 28 de octubre.

El 28 de octubre, en pleno mes morado, se celebra al Señor de los Milagros, el Cristo pintado hacia 1651 sobre una pared de adobe de Pachacamilla, en Lima, que siguió en pie cuando los terremotos lo derribaban casi todo. Durante los nueve días anteriores, quien quiera puede prepararse así: cada día, una meditación breve, tu petición en silencio, un Padre nuestro, un Avemaría y un Gloria, y la oración final. Sin prisa, con lo que tengas.

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Cómo se reza

  1. La meditación del día.
  2. Tu petición. En silencio, cuéntale lo que hoy se te ha derrumbado y lo que todavía sostienes, como quien reza delante de aquel muro.
  3. Un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
  4. La oración final, que es la misma los nueve días.

Los nueve días:

Día 1Día 2Día 3Día 4Día 5Día 6Día 7Día 8Día 9

Día 1. Un Cristo en una pared

19 de octubre

«Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros.» (Jn 1,14)

Hacia 1651, en Pachacamilla, un barrio en las afueras de la Lima virreinal, alguien pintó un Cristo crucificado sobre una pared de adobe. No era una iglesia ni el taller de un maestro famoso: era el local donde se reunía una cofradía de esclavos traídos de Angola. Un muro de barro, en un rincón que casi nadie miraba. Así empieza una de las devociones más grandes de América, con algo pequeño y frágil. Dios suele elegir esos sitios para quedarse: un pesebre, una casa de Nazaret, una pared humilde. Quizá tu vida te parece también poca cosa, hecha de adobe, sin nada que admirar. Hoy puedes empezar la novena mirando esa pared con calma y dejando que Cristo se quede en la tuya, tal como está.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 2. Un pintor sin nombre

20 de octubre

«Mira, te llevo escrito en las palmas de mis manos.» (Is 49,16)

La tradición llama al pintor Pedro Dalcón, o Benito. No hay documentos que lo confirmen, y es muy posible que nunca se sepa su nombre con certeza. Lo que sí se sabe es que era un hombre que no era libre, traído a la fuerza desde el otro lado del mar. Con esas manos, que otros trataban como si fueran suyas, pintó el rostro de Cristo. No firmó la obra ni esperó nada a cambio. Hay muchas vidas así, que sostienen el mundo sin que nadie recuerde su nombre. Dios sí lo recuerda, y lo lleva escrito. Hoy puedes rezar por los que trabajan sin ser vistos, y dar gracias por lo que otros hicieron por ti sin que llegaras a saberlo.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 3. Cuando todo tembló

21 de octubre

«Aunque los montes se muevan y las colinas tiemblen, mi misericordia no se apartará de ti.» (Is 54,10)

El 13 de noviembre de 1655, un terremoto derribó buena parte de Lima y del Callao. Muchas casas se vinieron abajo. Entre los escombros, aquel muro de adobe con el Cristo pintado quedó en pie. La gente, que había perdido tanto, empezó a acercarse a rezar delante de él. No encontraron una explicación para todo lo ocurrido, pero encontraron un lugar donde quedarse. También hay terremotos por dentro: una enfermedad, una pérdida, una noticia que lo desordena todo. Ese Cristo no promete que nada vaya a temblar, pero se queda de pie a tu lado mientras tiembla. Hoy puedes llevarle lo que se te ha caído, sin ordenarlo antes, y quedarte un rato delante de él, como aquellos vecinos de Pachacamilla.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 4. Lo que no se borra

22 de octubre

«No moriré, sino que viviré, y contaré las obras del Señor.» (Sal 118,17)

En 1671, las autoridades ordenaron borrar la imagen. Se cuenta que quienes fueron a hacerlo se retiraron uno tras otro sin llegar a tocarla, y que al final la orden se retiró. Aquel Cristo pintado por un esclavo, en un barrio de las afueras, siguió en su pared. A veces algo muy querido parece a punto de desaparecer: una fe que se ha ido apagando, una esperanza que otros dan por perdida, una parte de ti que alguien quiso borrar. Lo que Dios ha pintado en tu vida no se borra tan fácil. No hace falta defenderlo a gritos ni explicarlo a nadie. Hoy puedes darle gracias por lo que sigue en pie dentro de ti, aunque nadie más lo vea.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 5. Una capilla junto al muro

23 de octubre

«Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.» (Mt 18,20)

Ese mismo año de 1671, el 14 de septiembre, se celebró delante del muro la primera misa, y se levantó allí una capilla. Lo que había empezado como la oración de unos pocos, en el local de una cofradía de esclavos, se convirtió en un lugar abierto. Poco a poco se fueron acercando más personas, de un barrio y de otro, a rezar delante del mismo Cristo. Para entrar no se pedían méritos. Así nace muchas veces una casa de Dios: alrededor de alguien que ya estaba allí esperando. Quizá también tú te sientes a veces fuera, sin sitio, como si la fe fuera cosa de otros. Delante de esa pared cabía todo el mundo. Hoy puedes rezar sabiendo que tienes un lugar, y que Cristo lo guarda para ti.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 6. El Cristo sale a la calle

24 de octubre

«Jesús en persona se acercó y caminaba con ellos.» (Lc 24,15)

El 20 de octubre de 1687, otro terremoto destruyó la capilla, y el muro volvió a resistir. Sebastián de Antuñano, que cuidaba del lugar, mandó pintar una copia al óleo para poder sacarla en andas por las calles. Así empezaron las procesiones de octubre, que no han dejado de salir desde entonces. Después de la sacudida, el Cristo no se queda encerrado: sale a caminar entre la gente. Va hacia los que no pueden acercarse, recorre los barrios, pasa por delante de las casas. Así caminó Jesús junto a los dos discípulos que volvían tristes a Emaús, sin esperar a que lo reconocieran. Hoy puedes dejar que salga a tu encuentro por donde vas, en tu calle de todos los días.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 7. Vestirse de morado

25 de octubre

«Me ha vestido con ropas de salvación.» (Is 61,10)

Junto a la pared se fundó después el Monasterio de las Nazarenas. De su fundadora, la madre Antonia Lucía del Espíritu Santo, viene el hábito morado que visten hoy los devotos. Por eso octubre es el mes morado, y las calles de Lima se llenan de ese color. Vestirse así no es un disfraz ni una obligación. Es una manera sencilla de decir con el cuerpo lo que cuesta decir con palabras: que perteneces a alguien y que caminas con él. Quien se pone el hábito no deja de ser quien es, con su historia y sus heridas. Hoy puedes pensar de qué te vistes por dentro: de prisa, de miedo, de cansancio. Y dejar que Cristo te vista con algo mejor, con su calma y su cercanía.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 8. Los que cargan

26 de octubre

«Echa sobre el Señor tu carga, y él te sostendrá.» (Sal 55,23)

El lienzo sale sobre unas andas de casi dos toneladas, que llevan a hombros las cuadrillas de cargadores de la Hermandad. Por detrás del Cristo va pintada la Virgen de la Nube. Lo acompañan las sahumadoras con el incienso y las cantoras con sus voces. Un peso así no lo lleva nadie solo: son muchos hombros bajo las mismas andas. Quizá tú también cargas algo que pesa demasiado: el cuidado de un enfermo, una deuda, una tristeza antigua que no se va. No es un peso para llevar sin ayuda. Hoy puedes ponerlo en esas andas, junto al Cristo, y dejar que otros hombros te acompañen. Y si alguien cerca de ti va cargado, quizá puedas ser tú el que se acerca a sostener.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 9. Lejos de casa

27 de octubre

«Si habito en el extremo del mar, también allí me guiará tu mano.» (Sal 139,9-10)

El Señor de los Milagros ya no es solo de Lima. Hay procesiones en Arequipa, en Cusco, en Tacna y en muchas otras ciudades del Perú, y también allí donde han llegado los peruanos que emigraron: La Paz, Buenos Aires, São Paulo, Washington y tantas otras. En 2005 fue declarado patrono de los peruanos que viven fuera de su país. Para muchos, octubre es el mes de volver a casa sin moverse, rezando delante de una estampa pegada en la pared, como se rezó delante de aquel primer muro. Mañana es su fiesta. Terminas la novena con lo mismo que sostuvo a Pachacamilla: un Cristo que no se va. Estés donde estés, cerca o lejos de los tuyos, él sigue en pie a tu lado.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Oración final

Señor de los Milagros, que te quedaste en pie en una pared de barro cuando Lima entera temblaba, quédate también conmigo. Tú conoces lo que se me ha caído y lo que sostengo a duras penas. No te pido una vida sin sacudidas, sino tu compañía en medio de ellas. Pongo en tus manos a los enfermos, a los que cargan pesos que nadie ve y a los que viven lejos de su tierra. Camina por mis calles como caminas cada octubre por las de Lima, y llévame siempre cerca de ti. Amén.

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