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Novena a la Virgen del Quinche

Nueve días de oración, con una meditación para cada día.

Del 12 de noviembre al 20 de noviembre. Fiesta el 21 de noviembre.

El 21 de noviembre, día de la Presentación de la Virgen María, se celebra en el Ecuador a la Virgen del Quinche, una imagen de madera que empezó en una cueva de las montañas y hoy recibe, al amanecer, a los que llegan caminando desde Quito. Durante los nueve días anteriores, quien quiera puede prepararse así: cada día, una meditación breve, tu petición en silencio, un Padre nuestro, un Avemaría y un Gloria, y la oración final. Sin prisa, con lo que tengas.

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Cómo se reza

  1. La meditación del día.
  2. Tu petición. En silencio, cuéntale a la Virgen del Quinche lo que llevas hoy contigo, como quien se lo dice por el camino.
  3. Un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
  4. La oración final, que es la misma los nueve días.

Los nueve días:

Día 1Día 2Día 3Día 4Día 5Día 6Día 7Día 8Día 9

Día 1. Una imagen tallada en cedro

12 de noviembre

«¿No es este el hijo del artesano?» (Mt 13,55)

La historia empieza en un taller. Hacia 1586, el escultor Diego de Robles recibió un encargo de los indígenas de Lumbisí, un pueblito cercano a Quito: querían una copia de la Virgen de Guápulo, que ya era muy querida en la ciudad. Robles la talló en madera de cedro, con sus herramientas y su oficio, como tantas otras obras que salían de sus manos. Nada hacía pensar que aquella imagen iba a ser tan amada. También Jesús creció entre maderas y herramientas, en la casa de un artesano de Nazaret. Dios no tiene miedo de lo corriente. Hoy puedes empezar la novena mirando tu trabajo de cada día, el que nadie aplaude, y ofrecérselo tal como es.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 2. Lo que nadie podía pagar

13 de noviembre

«Levanta del polvo al desvalido y alza al pobre de la basura.» (Sal 113,7)

Los indígenas de Lumbisí no pudieron pagar el precio acordado. Querían la imagen, pero no tenían con qué. Entonces el escultor se la llevó a los indígenas de Oyacachi, en las montañas del oriente, que le pagaron con tablones de cedro, justo lo que él necesitaba para seguir trabajando. Es una historia sencilla, casi de mercado, y sin embargo dice algo hermoso: la Virgen terminó en manos de gente humilde que pagó con lo que tenía. Quizá tú también sientes a veces que no te alcanza, que no llegas, que no tienes nada que ofrecer. Para ella eso no es un obstáculo. Hoy puedes presentarte con lo poco que tengas, como los de Oyacachi, y dejar que sea suficiente.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 3. Una señora en la cueva

14 de noviembre

«Paloma mía, en las grietas de la roca, muéstrame tu rostro.» (Cant 2,14)

La tradición cuenta que los de Oyacachi habían visto a una señora en una cueva del monte, y que, cuando el escultor les mostró la imagen, reconocieron en ella aquel mismo rostro. No se sabe más, y no hace falta. Lo que queda es la experiencia de un pueblo que sintió que alguien conocido había vuelto a visitarlo. Hay rostros que se quedan grabados, aunque solo se hayan visto una vez: el de una madre, el de un amigo, el de alguien que te ayudó cuando más lo necesitabas. Hoy puedes pedirle a la Virgen que te deje ver su rostro en la gente sencilla que te rodea, y que tú también sepas reconocerlo cuando pase cerca.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 4. En las montañas de Oyacachi

15 de noviembre

«Qué hermosos son sobre los montes los pies del que trae buenas noticias.» (Is 52,7)

Desde 1588 la imagen se quedó en Oyacachi, en una gruta, lejos de las ciudades y de los caminos fáciles. Y aun así empezaron a llegar peregrinos, a pesar de lo difícil del camino. Subían por las montañas con frío, con barro, con lo puesto, para estar un rato cerca de ella. Nadie les obligaba. Iban porque allí algo se les ensanchaba por dentro. Hay lugares que cuesta alcanzar, y quizá por eso se quedan en el corazón. Tal vez hoy también tienes delante una subida que te pesa: una decisión, una enfermedad, una relación que no se arregla. Puedes caminarla sin prisa, un paso detrás de otro, sabiendo que arriba alguien te espera.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 5. Una casa más cerca de todos

16 de noviembre

«Hasta el gorrión ha encontrado una casa, y la golondrina un nido.» (Sal 84,4)

En 1604 la imagen fue trasladada de Oyacachi a El Quinche, un pueblo del valle más fácil de alcanzar, y allí se le levantó un templo. De ese pueblo tomó el nombre con el que hoy la conoce todo el Ecuador. La Virgen bajó de la montaña para estar más cerca de todos, de los que no podían subir, de los ancianos, de los niños. Es un gesto que se parece mucho a Dios, que no se queda arriba esperando, sino que baja a donde está la gente. Hoy puedes pensar en tu propia casa, pequeña o grande, ordenada o no, y pedirle que encuentre en ella un sitio, como el gorrión que por fin halla dónde descansar.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 6. Presentada en el templo

17 de noviembre

«Escucha, hija, mira e inclina tu oído.» (Sal 45,11)

La fiesta de la Virgen del Quinche cae el 21 de noviembre, día de la Presentación de la Virgen María. Según una antigua tradición, sus padres la llevaron al templo de Jerusalén siendo todavía niña, para ofrecerla a Dios. Los evangelios no lo cuentan, pero la tradición lo ha guardado con cariño durante siglos. Es la imagen de una niña pequeña ante algo muy grande, que no necesita entenderlo todo para confiar. Quizá tú también te sientes pequeño ante lo que vives estos días. No hace falta que llegues con todo resuelto. Hoy puedes presentarte ante Dios como ella, con las manos vacías y el corazón abierto, dejando que Él mire lo que eres.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 7. Caminar de noche

18 de noviembre

«Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero.» (Sal 119,105)

En noviembre, al caer la tarde, empiezan a salir grupos de gente de los barrios del norte de Quito, sobre todo desde Calderón. Van en familia, con amigos o con la parroquia, con linternas, abrigos gruesos y agua. Caminan horas por carreteras y chaquiñanes, con frío, rezando el Rosario y cantando a la Virgen. Algunos van a pedir, otros a dar gracias, otros porque siempre lo hicieron con sus padres. Por el camino hay voluntarios que dan agua y vecinos que ofrecen algo caliente. La noche es larga, pero nadie camina solo. Si hoy atraviesas una noche por dentro, puedes pedirle una pequeña luz para el siguiente paso, y fijarte en quién camina a tu lado.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 8. Lejos del Ecuador

19 de noviembre

«Adonde tú vayas, iré yo.» (Rut 1,16)

Muchos ecuatorianos que dejaron su tierra se llevaron consigo la devoción a la Virgen del Quinche. Hoy se la celebra en parroquias de Estados Unidos y de España, donde cada año se reúnen para rezarle lejos de casa. Es su manera de llevar el valle, el camino y el santuario dentro del corazón. Cuando todo alrededor es distinto, el idioma, el clima, la comida, una imagen querida puede ser un pedazo de hogar. Hoy puedes rezar por los que viven lejos de su tierra, por los que conoces y por los que no. Y si tú mismo estás lejos de los tuyos, ella también se ha ido contigo: adonde tú vayas, va ella.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 9. Al amanecer, en el santuario

20 de noviembre

«Por la tarde nos visita el llanto, y por la mañana la alegría.» (Sal 30,6)

Después de la noche de camino, muchos peregrinos llegan a El Quinche al amanecer, a tiempo para la misa en el santuario. Para muchos es la promesa cumplida. Aquella imagen tallada en cedro fue coronada en 1943; en 1959 el papa Juan XXIII dio a su templo el título de basílica menor, y en 1985 fue declarado santuario nacional. En 2015 el papa Francisco estuvo allí durante su viaje al Ecuador. Pero lo que más dice de ella son los pies cansados de los que llegan. Mañana es su fiesta. Terminas la novena como terminan su camino los peregrinos: con la luz que vuelve. Puedes volver a ella siempre que quieras.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Oración final

Virgen del Quinche, que llegaste a los pobres de Oyacachi cuando otros no podían pagarte, mírame también a mí. Te traigo el cansancio de mis pasos y lo que no me deja dormir. Tú que fuiste presentada en el templo siendo niña, recibe lo que soy, sin adornos. Cuida a los que viven lejos de su tierra, a los enfermos y a los que ya no pueden caminar. Acompáñame en mis noches, y al amanecer llévame a tu Hijo Jesús. Amén.

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