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Novena a la Virgen de Suyapa

Nueve días de oración, con una meditación para cada día.

Del 25 de enero al 2 de febrero. Fiesta el 3 de febrero.

El 3 de febrero se celebra a la Virgen de Suyapa, patrona de Honduras, una pequeña imagen de madera que, según la tradición, un campesino encontró de noche en el monte en 1747. Durante los nueve días anteriores, quien quiera puede prepararse así: cada día, una meditación breve, tu petición en silencio, un Padre nuestro, un Avemaría y un Gloria, y la oración final. Sin prisa, con lo que tengas.

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Cómo se reza

  1. La meditación del día.
  2. Tu petición. En silencio, cuéntale a la Morenita lo que llevas hoy en tu morral, lo que pesa y lo que alegra.
  3. Un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
  4. La oración final, que es la misma los nueve días.

Los nueve días:

Día 1Día 2Día 3Día 4Día 5Día 6Día 7Día 8Día 9

Día 1. Una noche en el monte

25 de enero

«Yo dormía, pero mi corazón velaba.» (Ct 5,2)

A comienzos de 1747, un joven campesino llamado Alejandro Colindres volvía de trabajar en el campo, en las laderas del cerro El Piligüín, cerca de Tegucigalpa. Lo acompañaba un muchacho, Lorenzo Martínez. Se les hizo de noche por el camino, y se acostaron a dormir allí mismo, en el monte, con el cansancio de toda una jornada encima. Así empieza esta historia: sin templo, sin ceremonia, sin nadie esperando un milagro. Solo dos trabajadores tendidos en la tierra, a oscuras. Quizá tú también llegas a esta novena al final de un día largo, con poco que ofrecer. No importa. Dios suele buscar a la gente justo ahí, cuando ya no le queda nada que demostrar y simplemente descansa.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 2. Lo que molestaba en el costado

26 de enero

«Verdaderamente el Señor está en este lugar, y yo no lo sabía.» (Gn 28,16)

Cuenta la tradición que, mientras intentaba dormir, Alejandro notó algo que le molestaba en el costado. Lo agarró sin mirar y lo tiró lejos, como se aparta una piedra. Al rato volvió a sentir lo mismo. Esta vez no lo tiró: lo guardó. Hay algo muy humano en ese gesto. Lo que viene de Dios no siempre llega con luz y con música; a veces llega como una molestia, algo que no encaja y que no deja dormir tranquilo. Y la primera reacción es apartarlo. Si hoy hay algo en tu vida que insiste, que vuelve una y otra vez, puedes detenerte un momento antes de tirarlo. A lo mejor no es una piedra.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 3. Guardada en el morral

27 de enero

«María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.» (Lc 2,19)

Alejandro guardó aquello en su morral sin saber lo que era. Solo al amanecer, con la primera luz, pudo verlo: una pequeña imagen de la Virgen, tallada en madera. Toda la noche la había llevado consigo sin saberlo. Muchas cosas en la vida se entienden así, más tarde, cuando por fin amanece. Uno carga con algo que no comprende, lo lleva a cuestas porque no se atreve a soltarlo, y un día descubre que era un regalo. María también guardaba en su corazón lo que no terminaba de entender, sin prisa por resolverlo. Hoy puedes mirar lo que llevas guardado y esperar con paciencia a que llegue su luz, que llega.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 4. Veinte años en una casa

28 de enero

«Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.» (Jn 19,27)

Alejandro llevó la imagen a la casa de su familia, en la aldea de Suyapa. Allí se quedó unos veinte años, en un altar sencillo, entre las cosas de todos los días: la comida, el trabajo, las visitas, los niños. Los vecinos empezaron a pasar a rezarle, como quien entra a saludar. La Virgen de Suyapa no empezó en un gran santuario, sino en una casa de campesinos. Eso dice mucho de ella. Le basta un rincón. Jesús, desde la cruz, confió a su madre a un discípulo, y él se la llevó a su casa. Hoy puedes hacer lo mismo: abrirle la tuya, tal como está, sin arreglarla antes, y dejar que se quede.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 5. Tan pequeña que cabe en una mano

29 de enero

«Porque ha mirado la pequeñez de su sierva.» (Lc 1,48)

La imagen mide seis centímetros y medio. Es de cedro oscuro, tiene las manos juntas y va vestida con un manto lleno de estrellas, rodeada de un marco de rayos. Es tan pequeña que, para verla bien, uno se acerca mucho. Y sin embargo es la patrona de todo un país. Dios parece tener debilidad por lo pequeño: una aldea, una joven de Nazaret, una figura de madera que cabe en la palma de la mano. Quizá a ti te cuesta creer que lo tuyo cuente, porque es poca cosa. Pero lo pequeño obliga a acercarse, y en la cercanía empieza la oración. Hoy puedes acercarte así, despacio, sin nada grande que decir.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 6. La Morenita

30 de enero

«Morena soy, pero hermosa.» (Ct 1,5)

En Honduras la llaman con cariño la Morenita, porque su cara es morena, como la de tanta gente de aquella tierra. No es una señora lejana, pintada con rasgos de otro continente. Se parece a los que le rezan. Tiene el color de las manos que trabajan el campo, de las abuelas que la cuidan, de los niños que la miran de cerca. Cuando alguien se parece a ti, es más fácil sentir que te entiende. Dios hizo algo así al hacerse hombre: tomó un rostro concreto, de un pueblo concreto, para que nadie lo sintiera extraño. Hoy puedes hablarle a la Morenita como a alguien de tu familia, porque en el fondo lo es.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 7. El camino hasta Suyapa

31 de enero

«María se levantó y se fue de prisa a la montaña.» (Lc 1,39)

Hacia 1768, se atribuyó a su intercesión una curación que se hizo famosa, y la devoción salió de la aldea. En 1780 se terminó la primera capilla, que todavía existe. Mucho después, en 1954, empezó a levantarse la gran basílica. Hoy, en los días anteriores a su fiesta, miles de peregrinos llegan a pie desde Tegucigalpa y desde pueblos lejanos, muchos con una promesa que cumplir. Caminar es una forma de rezar con el cuerpo. Cada paso dice lo que a veces no sale en palabras. Si tú no puedes ir hasta Suyapa, tu camino de hoy también cuenta: el trabajo, la espera, el cansancio. Puedes ofrecerlo como quien avanza hacia ella.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 8. Los que se fueron lejos

1 de febrero

«Adonde tú vayas, iré yo.» (Rt 1,16)

La imagen de la Virgen de Suyapa está en las casas, en los buses, en los negocios. Y también ha viajado lejos, con los hondureños que se fueron a vivir a Estados Unidos, a España y a tantos otros lugares. Muchos la llevan consigo, en una estampa o en una pequeña réplica, como quien lleva un pedazo de su tierra. Desde 2013 hay incluso una réplica suya en los Jardines Vaticanos. Una Virgen que cabe en un morral puede acompañar a cualquiera, a cualquier parte. Hoy puedes rezar por los que viven lejos de su casa y por las familias que los esperan. Y si eres tú quien está lejos, ella también está contigo.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 9. Una madre que vuelve

2 de febrero

«Aunque ella se olvidara, yo no me olvidaré de ti.» (Is 49,15)

Dos veces robaron la imagen, y las dos volvió. La última, en 1986, apareció al día siguiente, sin sus adornos de oro y de plata. Es como si repitiera lo de aquella primera noche en el monte: la apartaron, y regresó. Así es el amor de Dios con cada persona. No se cansa de volver, aunque uno lo haya tirado lejos sin mirar, aunque lo hayan despojado de todo lo que brillaba. Mañana es su fiesta. Terminas esta novena con lo que Alejandro se llevó a casa aquel amanecer: una madre pequeña y cercana, que se deja encontrar. Puedes volver a ella siempre que quieras. Ella ya volvió primero, y te sigue esperando.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Oración final

Virgen de Suyapa, pequeña Madre morena, que te dejaste encontrar por un campesino cansado en medio de la noche, encuéntrame también a mí cuando me falten las fuerzas. Pongo en tus manos a Honduras, a los que trabajan la tierra, a los que se fueron lejos buscando una vida mejor y a las familias que los esperan. Tú que cabes en una mano, quédate en mi casa. Y si alguna vez te aparto sin mirar, vuelve otra vez, y llévame cerca de tu Hijo Jesús. Amén.

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