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Novena a la Virgen de Luján

Nueve días de oración, con una meditación para cada día.

Del 29 de abril al 7 de mayo. Fiesta el 8 de mayo.

El 8 de mayo se celebra a Nuestra Señora de Luján, patrona de la Argentina, del Uruguay y del Paraguay: una imagen pequeña de barro que, según la tradición, quiso quedarse a orillas del río Luján en 1630. Durante los nueve días anteriores, quien quiera puede prepararse así: cada día, una meditación breve, tu petición en silencio, un Padre nuestro, un Avemaría y un Gloria, y la oración final. Sin prisa, con lo que tengas.

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Cómo se reza

  1. La meditación del día.
  2. Tu petición. En silencio, cuéntale lo que hoy llevas contigo, como quien deja su carga a un lado del camino.
  3. Un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
  4. La oración final, que es la misma los nueve días.

Los nueve días:

Día 1Día 2Día 3Día 4Día 5Día 6Día 7Día 8Día 9

Día 1. Una carreta que se detiene

29 de abril

«Y después del fuego, el susurro de una brisa suave.» (1 Re 19,12)

Cuenta la tradición que en 1630 llegaron al puerto de Buenos Aires, desde Brasil, dos imágenes de la Virgen, cada una en su cajón. Las había pedido un hacendado portugués, Antonio Farías Saá, para una capilla que estaba levantando en tierras de Santiago del Estero. Se cargaron en carretas tiradas por bueyes y empezó el largo camino hacia el norte. A orillas del río Luján, una de las carretas se detuvo y los bueyes no lograron moverla. Así empieza esta historia: con un viaje que se para. A veces la vida también se detiene sin pedir permiso, y cuesta entenderlo. Hoy puedes empezar la novena quedándote quieto un momento, sin empujar nada, y preguntarle a Dios qué hay en ese lugar donde te has detenido.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 2. A mitad de camino

30 de abril

«Quédate con nosotros, porque se hace tarde.» (Lc 24,29)

Los troperos probaron a descargar bultos, uno tras otro, y la carreta solo avanzó cuando bajaron uno de los cajones. Dentro había una imagen pequeña de la Virgen, de barro cocido, con las manos juntas. Según la tradición, aquellos hombres entendieron que ella quería quedarse allí, y allí se quedó. No en la capilla prevista ni en el destino que figuraba en los papeles, sino a mitad de camino, junto a un río. Es una manera muy suya de estar: donde la gente pasa, donde nadie esperaba nada. Quizá tú también vives a mitad de muchas cosas, sin haber llegado adonde pensabas. Ella no espera a que llegues. Hoy puedes decirle, como los discípulos de Emaús, que se quede contigo.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 3. Treinta y ocho centímetros de barro

1 de mayo

«El Señor Dios formó al hombre del barro de la tierra.» (Gn 2,7)

La imagen de Luján mide 38 centímetros. Es de barro cocido, el mismo material de las ollas y los ladrillos de cualquier casa. No es de oro ni de mármol, y cabe entre los brazos. Hoy lleva un manto celeste y blanco, y multitudes caminan para verla, pero lo que hay debajo sigue siendo barro. El libro del Génesis cuenta que Dios formó al ser humano del barro de la tierra y le dio su aliento. Tú también estás hecho de ese material frágil, que se agrieta y se cansa. Y precisamente ahí quiso Dios poner su vida. Hoy puedes mirar tu propia fragilidad sin vergüenza. Lo pequeño y lo quebradizo no le estorban a Dios: suele ser justo por donde entra.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 4. Las manos juntas

2 de mayo

«María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.» (Lc 2,19)

En la imagen de Luján, la Virgen tiene las manos juntas a la altura del pecho. No sostiene nada, no señala a nadie. Está recogida, como quien reza o como quien guarda algo dentro. El Evangelio cuenta que María conservaba lo que vivía y lo meditaba en su corazón, también lo que no entendía. Desde lejos se había pedido una imagen de la Inmaculada Concepción, y llegó esta: una joven en silencio, sin gestos grandes. Hay días en los que no te salen las palabras para rezar. No pasa nada. Juntar las manos ya es una oración. Hoy puedes quedarte un rato así, como ella, guardando lo que te ocurre, sin necesidad de explicarlo ni de resolverlo todo ahora.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 5. Manuel, el que se quedó

3 de mayo

«Adonde tú vayas, iré yo; donde tú te quedes, me quedaré yo.» (Rt 1,16)

Con la imagen se quedó también un hombre. Se llamaba Manuel, había nacido en Cabo Verde y había llegado como esclavo en la caravana que traía las imágenes. Desde entonces, su vida entera fue cuidar de la Virgen. Cuando aquel lugar quedó abandonado, una señora, Ana de Matos, se llevó la imagen a sus tierras y pagó 250 pesos para que Manuel pudiera seguir a su lado. Él no era libre, y sin embargo dedicó toda su vida a estar cerca de ella, hasta que murió a finales del siglo XVII. Hoy su causa de beatificación está abierta. Hay fidelidades que nadie ve y que sostienen mucho. Hoy puedes dar gracias por las personas que se quedaron a tu lado cuando otros se fueron.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 6. El sebo de las velas

4 de mayo

«Ungían con aceite a muchos enfermos, y los curaban.» (Mc 6,13)

En una capillita de barro y paja, Manuel recibía a los que llegaban a rezar. Y a los enfermos los ungía con el sebo de las velas que ardían delante de la Virgen. No tenía medicinas ni estudios. Tenía lo que había a mano: la cera gastada, la cercanía, un rato de atención. En el Evangelio, los discípulos ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban. El cuidado empieza muchas veces así, con gestos pequeños y humildes. Si hoy estás enfermo, o acompañas a alguien que lo está, puedes ponerlo delante de ella, como una vela más. Y si cuidas a otro, aunque sientas que lo que das es poco, esas manos cansadas también están haciendo algo sagrado.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 7. Una casa donde todos caben

5 de mayo

«Hasta el gorrión ha encontrado una casa, y la golondrina un nido.» (Sal 84,4)

La imagen quedó en las tierras de Ana de Matos, donde hoy está la basílica. En 1763 se inauguró allí un templo, y a finales del siglo XIX se empezó a construir la gran basílica que hoy domina la ciudad. Pero antes de las torres hubo una capilla de barro y paja, y antes de la capilla, una carreta parada junto a un río. Durante siglos han llegado familias, grupos de parroquias y de colegios, gauchos a caballo, gente que viene a dar gracias o a pedir por alguien. Todos caben. El salmo dice que hasta el gorrión encuentra casa cerca de Dios. Tú también tienes lugar ahí, tal como llegues. Hoy puedes entrar con lo que traes, sin arreglarlo antes.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 8. Los que caminan de noche

6 de mayo

«Los que esperan en el Señor caminarán y no se cansarán.» (Is 40,31)

En octubre de 1975, un grupo de jóvenes de parroquias de Buenos Aires salió caminando desde el santuario de San Cayetano, en el barrio de Liniers, hasta la basílica de Luján. Fueron unos 30.000. Desde entonces, cada año, el primer fin de semana de octubre, una multitud recorre unos 60 kilómetros, casi siempre caminando toda la noche. Por el camino, vecinos que no conocen a nadie ofrecen agua y lo que tienen. Caminar acompañado cansa menos. Quizá tú no puedas hacer ese camino, o tu camino de ahora es otro: una enfermedad, un duelo, una espera larga. Hoy puedes rezar por los que caminan, y dejar que ella acompañe también tus pasos, aunque sean pocos y lentos.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 9. Madre de tres pueblos

7 de mayo

«Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones.» (Lc 1,48)

En 1930, el papa Pío XI declaró a la Virgen de Luján patrona de la Argentina, del Uruguay y del Paraguay. Tres pueblos distintos, con sus historias y sus acentos, que la sienten suya. Todo empezó con una imagen de barro que no quiso seguir viaje y con un hombre que no era libre y la cuidó hasta el final de su vida. Nadie lo habría imaginado entonces. Así suele obrar Dios: empieza por lo pequeño y lo deja crecer despacio. Mañana es su fiesta. Terminas la novena con lo que se aprende junto a aquel río: que hay una Madre que se queda. No se va cuando el camino se complica. Puedes volver a ella cuando quieras, desde donde estés.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Oración final

Virgen de Luján, Madre pequeña de barro, que quisiste quedarte junto al río cuando todos seguían de largo, quédate también conmigo. Tú conoces mis cansancios y todo lo que llevo a medio hacer. Pongo en tus manos a mi familia, a los enfermos, a los que caminan hacia ti y a los que ya no pueden caminar. Como Manuel, que te cuidó toda su vida, ayúdame a recibir bien a los que llegan. Y guárdanos a todos cerca de tu Hijo Jesús. Amén.

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