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Novena a la Virgen de Lourdes

Nueve días de oración, con una meditación para cada día.

Del 2 de febrero al 10 de febrero. Fiesta el 11 de febrero.

El 11 de febrero se celebra a Nuestra Señora de Lourdes, el día en que, en 1858, una muchacha de catorce años llamada Bernadette Soubirous vio por primera vez a una señora vestida de blanco en la gruta de Massabielle, junto al río Gave. Es también la Jornada Mundial del Enfermo. Durante los nueve días anteriores, quien quiera puede prepararse así: cada día, una meditación breve, tu petición en silencio, un Padre nuestro, un Avemaría y un Gloria, y la oración final. Sin prisa, con lo que tengas.

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Cómo se reza

  1. La meditación del día.
  2. Tu petición. En silencio, preséntale lo que hoy te duele, en el cuerpo o por dentro, como quien se acerca al agua con las manos vacías.
  3. Un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
  4. La oración final, que es la misma los nueve días.

Los nueve días:

Día 1Día 2Día 3Día 4Día 5Día 6Día 7Día 8Día 9

Día 1. Una muchacha que iba a por leña

2 de febrero

«Dios eligió lo débil del mundo para confundir a lo fuerte.» (1 Cor 1,27)

Era el 11 de febrero de 1858 y hacía frío en Lourdes, un pueblo pequeño al pie de los Pirineos. Bernadette Soubirous tenía catorce años, padecía asma y apenas sabía leer. Su familia, muy pobre, vivía en una sola habitación húmeda que antes había servido de calabozo. Aquel día salió con su hermana y una amiga a recoger leña seca por la orilla del río. Nada en ella llamaba la atención. Así empieza Lourdes: no en un palacio ni en un templo, sino en la vida corriente de una chica que pasa necesidad. Quizá tú también te sientes pequeño o poco preparado para las cosas de Dios. Hoy puedes empezar la novena tal como eres, con tu frío y con tu leña.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 2. Una sonrisa en la gruta

3 de febrero

«Acercaos a él y quedaréis iluminados.» (Sal 34,6)

Para cruzar un canal de agua helada, Bernadette se quedó atrás quitándose las medias. Entonces, según contó ella misma, oyó un ruido como de viento, aunque los árboles no se movían. Al levantar la vista hacia la gruta de Massabielle, un rincón sucio y apartado, vio a una joven vestida de blanco, con un cinturón azul y una rosa amarilla sobre cada pie. Aquel primer día la Señora no dijo nada. Solo sonrió. A veces lo primero que Dios ofrece no es una respuesta, sino una presencia que mira con cariño. Hoy puedes quedarte así, sin pedir explicaciones, dejándote mirar en el rincón menos cuidado de tu vida, ese que casi nunca enseñas a nadie.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 3. El rosario entre las dos

4 de febrero

«Dios te salve, llena de gracia, el Señor está contigo.» (Lc 1,28)

Bernadette hizo lo único que sabía hacer: sacó el rosario y se puso a rezar. Cuenta ella misma que la Señora pasaba también las cuentas entre sus dedos, pero solo movía los labios al llegar el Gloria. Así rezaron juntas, una muchacha de pueblo y la madre de Jesús, sin ceremonias, a la orilla de un río. No hizo falta ninguna oración nueva ni complicada. Bastaron las palabras de siempre, dichas despacio. Quizá tu oración también es sencilla, repetida, a veces distraída. No por eso vale menos. Hoy puedes rezar el Avemaría como quien pasa la tarde con alguien querido, sin necesidad de decir nada brillante, sabiendo que no rezas solo.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 4. Una alegría que nadie quita

5 de febrero

«Se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría.» (Jn 16,22)

En la tercera aparición, la Señora habló por fin. Bernadette contó después que le pidió volver a la gruta durante quince días, y que le dijo que no le prometía hacerla feliz en este mundo, sino en el otro. Puede sonar duro, pero Bernadette no lo vivió como una amenaza. Su vida siguió siendo pobre, con enfermedades y con muchas preguntas desconfiadas de quienes no la creían. Y, sin embargo, se cuenta que conservó siempre el buen humor y la sencillez. Hay una alegría que no depende de que todo salga bien. No borra el dolor, pero lo acompaña desde dentro. Si hoy las cosas no te van como quisieras, esa alegría sigue a tu alcance, callada, esperándote.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 5. Agua debajo del barro

6 de febrero

«Sacaréis agua con alegría de las fuentes del Salvador.» (Is 12,3)

El 25 de febrero, la Señora le pidió a Bernadette que fuera a beber a la fuente y a lavarse en ella. No había ninguna fuente a la vista. Bernadette escarbó en el barro con las manos, al fondo de la gruta, y bebió el agua turbia que empezó a salir. La gente que miraba se rió de ella y pensó que había perdido el juicio. En los días siguientes, aquel hilo de barro se convirtió en un manantial limpio, el mismo que todavía hoy mana en Lourdes. A veces la fuente está escondida debajo de lo que parece solo barro. Hoy puedes llevarle a la Virgen lo más embarrado de tu vida, con confianza: ahí mismo puede empezar a brotar agua clara.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 6. Los enfermos junto al agua

7 de febrero

«Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré.» (Mt 11,28)

Desde entonces, millones de personas han ido a Lourdes a beber de esa agua y a bañarse en ella. Muchas llegan enfermas, en silla de ruedas o en camilla, acompañadas por voluntarios que las cuidan con paciencia. Algunas curaciones se han estudiado con rigor, pero muchos peregrinos no vuelven curados del cuerpo. Aun así, muchos cuentan que regresan con otra paz. Por eso Juan Pablo II quiso que el 11 de febrero fuera la Jornada Mundial del Enfermo. Hoy puedes rezar por los enfermos que conoces, por quienes los cuidan día y noche y por quienes están solos en la habitación de un hospital. Y si el enfermo eres tú, esta madre se acerca primero a ti.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 7. Una capilla y una procesión

8 de febrero

«Me alegré cuando me dijeron: vamos a la casa del Señor.» (Sal 122,1)

La Señora le pidió a Bernadette que dijera a los sacerdotes que se construyera allí una capilla y que la gente acudiera en procesión. Bernadette se lo contó al párroco, el abate Peyramale, un hombre de carácter fuerte que la recibió con desconfianza y le pidió que preguntara a la Señora su nombre. Ella volvió una y otra vez, sin perder la calma, contando solo lo que había visto. No le tocaba convencer a nadie, solo ser fiel a lo que había recibido. Hoy la gruta está rodeada de santuarios, y muchas noches del año miles de personas caminan juntas con velas encendidas. Puedes unirte a esa procesión desde donde estés: nadie reza solo.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 8. Yo soy la Inmaculada Concepción

9 de febrero

«Yo soy la Inmaculada Concepción.» (Palabras de la Señora según Bernadette, 25 de marzo de 1858)

El 25 de marzo, fiesta de la Anunciación, Bernadette volvió a preguntarle a la Señora cómo se llamaba. Ella juntó las manos, levantó los ojos y le respondió en el habla de la comarca: «Que soy era Immaculada Councepciou». Bernadette no entendía aquellas palabras, y fue repitiéndolas por el camino para no olvidarlas hasta llegar a casa del párroco. Cuatro años antes, Pío IX había proclamado el dogma de la Inmaculada Concepción, pero aquella muchacha sin estudios no sabía nada de eso. María le habló en su lengua, la de casa. Hoy puedes llamarla así, Inmaculada, llena de gracia desde el principio, y pedirle sin miedo un corazón limpio y sencillo como el suyo.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 9. Bernadette, después de la gruta

10 de febrero

«Ha hecho en mí cosas grandes el que es poderoso.» (Lc 1,49)

Después de las apariciones, Bernadette no buscó ser famosa. Entró en las Hermanas de la Caridad de Nevers, lejos de su tierra, y allí ayudó a cuidar enfermos hasta que ella misma cayó enferma. Nunca volvió a Lourdes. Murió en 1879, con solo treinta y cinco años, y fue canonizada en 1933. La que había descubierto la fuente vivió el resto de su vida en silencio, sin reclamar nada para sí. Mañana es la fiesta. Terminas la novena como vivió ella: sin hacer ruido, con la certeza de haber sido mirada por una madre. Esa mirada no se apaga cuando acaba la novena. Puedes volver a la gruta con el corazón cada vez que lo necesites.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Oración final

Virgen de Lourdes, que sonreíste a Bernadette en una gruta húmeda y olvidada, mírame también a mí con esa misma sencillez. Tú conoces mis cansancios y lo que llevo callado. Pongo en tus manos a los enfermos, a los que los cuidan y a los que pasan la noche en vela por el dolor. Llévame a la fuente que no se seca, que es tu Hijo Jesús. Y que nadie se sienta solo en su enfermedad mientras tú estés cerca. Amén.

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