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Novena a la Virgen de los Ángeles

Nueve días de oración, con una meditación para cada día.

Del 24 de julio al 1 de agosto. Fiesta el 2 de agosto.

El 2 de agosto se celebra a Nuestra Señora de los Ángeles, patrona de Costa Rica, a la que muchos llaman con cariño la Negrita. Según la tradición, su pequeña imagen de piedra apareció en 1635 en el camino de una mujer pobre de Cartago. Durante los nueve días anteriores, mientras miles de personas caminan hacia su basílica, quien quiera puede prepararse así: cada día, una meditación breve, tu petición en silencio, un Padre nuestro, un Avemaría y un Gloria, y la oración final. Sin prisa, con lo que tengas.

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Cómo se reza

  1. La meditación del día.
  2. Tu petición. En silencio, pon delante de la Negrita lo que hoy cargas, como quien deja su bulto a los pies de una madre.
  3. Un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
  4. La oración final, que es la misma los nueve días.

Los nueve días:

Día 1Día 2Día 3Día 4Día 5Día 6Día 7Día 8Día 9

Día 1. Una mujer que iba por leña

24 de julio

«Me encontraron los que no me buscaban.» (Is 65,1)

Según la tradición, el 2 de agosto de 1635 una mujer del barrio de los pardos, a la que se recuerda como Juana Pereira, salió a buscar leña, como tantas mañanas. No iba a rezar ni esperaba nada especial. Iba a lo suyo, a lo de todos los días, a conseguir con qué encender el fuego de su casa. Y en ese camino tan corriente encontró, sobre una roca, una figurita de la Virgen con el Niño. Así empieza esta historia: no en un templo, sino en una tarea sencilla. Quizá tu vida también está hecha de caminos repetidos y de cansancio. Esta novena empieza ahí mismo, en lo que haces cada día, donde la Virgen se deja encontrar sin avisar.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 2. Los que vivían afuera

25 de julio

«Dios eligió lo que el mundo tiene por débil.» (1 Cor 1,27)

En el siglo XVII, al este de Cartago, estaba la Puebla de los Pardos. Allí obligaban las leyes de la colonia a vivir a los mulatos, a los negros y a los mestizos, fuera de la ciudad de los españoles. Era el barrio de los de afuera, de los que no se querían cerca. Y fue precisamente allí donde, según la tradición, apareció la pequeña imagen. No en la plaza principal ni en la casa de alguien importante, sino en el lugar de los apartados. Por eso muchos costarricenses la sienten tan suya. Si alguna vez te has sentido fuera, mirado de lejos o sin sitio, esta Virgen conoce ese lugar. Escogió quedarse justo ahí, con los que vivían en la orilla.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 3. Una piedra pequeña y oscura

26 de julio

«La piedra que desecharon los constructores se ha convertido en piedra angular.» (Sal 118,22)

La imagen de la Negrita mide unos veinte centímetros. Está hecha de una piedra oscura y representa a María con su Hijo en brazos. Cabe en una mano. No es una talla grandiosa ni una obra de oro y de marfil. Es pequeña, sencilla, del color de la tierra y de tanta gente de aquel barrio. A Dios le gusta decir las cosas grandes con cosas pequeñas: un niño en un pesebre, un poco de pan, una piedra junto a la que cualquiera habría pasado de largo. Tú tampoco necesitas ser grande para que tu vida importe. Hoy puedes mirar esa imagen, tan menuda, y pensar que lo pequeño que tienes entre manos también puede llevar a Jesús en brazos.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 4. La que volvía a la roca

27 de julio

«Aquí habitaré, porque la he escogido.» (Sal 132,14)

Cuenta la tradición que Juana Pereira se llevó la figurita a su casa y la guardó con cuidado. Pero al día siguiente, al volver al mismo sitio, la encontró otra vez sobre la roca. Se la llevó de nuevo, y de nuevo apareció allí. Pasó lo mismo varias veces, hasta que la gente entendió que la Virgen quería quedarse en aquel lugar. Es un relato lleno de paciencia. No hay enfado ni reproche, solo una insistencia tranquila, como la de una madre que vuelve a sentarse a tu lado aunque la hayas apartado. Quizá hay algo en tu vida que también vuelve una y otra vez, como una llamada suave. Hoy puedes preguntarle, sin miedo, dónde quiere quedarse contigo.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 5. Una ermita en el barrio

28 de julio

«La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros.» (Jn 1,14)

En el lugar de la roca se levantó una ermita. Lo que empezó con una mujer y una figurita pasó a ser un sitio de oración para todo el barrio y, con los años, para todo el país. Es hermoso pensar que el primer templo de la Negrita no se hizo en el centro de Cartago, sino entre las casas humildes de los pardos. Dios no se instala donde hay más brillo, sino donde alguien le hace un hueco. En Jesús se acercó tanto que vino a vivir entre la gente, con sus ruidos, sus trabajos y sus penas. Tu casa, tal como está, también puede ser una ermita. Hoy puedes hacerle un pequeño sitio, un rincón o un rato, para que se quede contigo.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 6. Madre de todo un país

29 de julio

«Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones.» (Lc 1,48)

En 1824, recién nacida la república, la Virgen de los Ángeles fue declarada patrona de Costa Rica. Y en 1926 fue coronada con la autorización del papa Pío XI. La imagen hallada en el barrio de los apartados terminó siendo la madre de todo un país. Es un camino curioso: de la orilla al centro, de la roca a la corona, sin dejar de ser la misma piedra pequeña y oscura. María cantó en el Magníficat que todas las generaciones la llamarían dichosa, y lo decía una muchacha sencilla de un pueblo pequeño. Hoy puedes rezar por Costa Rica y por el lugar donde vives: por sus familias, por sus niños y sus ancianos, y por los que menos tienen.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 7. Cuando tiembla la tierra

30 de julio

«Por eso no temeremos, aunque la tierra se estremezca.» (Sal 46,3)

El templo de Cartago sufrió varios terremotos a lo largo de su historia. El de 1910 dejó la ciudad muy dañada, y en 1912 se empezó a levantar la basílica actual, blanca y de aire bizantino, que hoy es el gran santuario del país. Se volvió a empezar, piedra a piedra. También en una vida hay temblores: una enfermedad, una pérdida, una noticia que lo mueve todo. A veces lo que parecía firme se viene abajo de un día para otro. La Negrita siguió allí, entre los escombros y durante la reconstrucción. Si hoy algo tiembla dentro de ti, puedes dejarlo en sus manos. Lo que se levanta de nuevo con paciencia puede quedar incluso más hermoso que antes.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 8. El agua de la fuente

31 de julio

«El agua que yo le daré se convertirá en él en una fuente que salta hasta la vida eterna.» (Jn 4,14)

Junto a la basílica mana una fuente. Muchos peregrinos llenan allí sus botellas de agua para llevarla a casa, a los enfermos o a quienes no pudieron venir. Es un gesto sencillo y lleno de ternura: pensar en otro en el momento de llegar, cargar con algo más en la vuelta para que quien se quedó también reciba algo. Jesús le habló a una mujer, junto a un pozo, de un agua que calma una sed más honda. Hoy puedes pensar en quién necesita que le lleves algo a la vuelta: una visita, una palabra, un rato de compañía. Y puedes rezar por los enfermos que esperan en casa y por los que se sienten lejos de toda fuente.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 9. Los caminantes de Cartago

1 de agosto

«Dichoso el hombre que tiene en ti su fuerza y prepara en su corazón el camino de subida.» (Sal 84,6)

Desde finales del siglo XIX, la gente camina a Cartago en los días anteriores al 2 de agosto. Unos salen de noche desde San José, otros llevan días de camino desde el norte o desde el sur del país. Van familias enteras, jóvenes en grupo, abuelos con bastón, personas que cumplen una promesa. Lo que se ofrece es el cansancio: los kilómetros a pie, la madrugada, el frío de Ochomogo. Y a lo largo de la carretera, vecinos y voluntarios reparten agua, fruta y comida a los que pasan. Mañana es la fiesta. Camines o no, tú también haces hoy tu romería. Llegas al final de la novena con lo que traes, y ella te espera como a cada peregrino.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Oración final

Virgen de los Ángeles, Negrita de Cartago, que te dejaste encontrar por una mujer pobre en el camino de la leña, déjate encontrar también por mí. Tú elegiste quedarte con los que vivían afuera: quédate conmigo en mi casa, en mi trabajo y en mis cansancios. Pongo en tus manos a los enfermos, a los que caminan hacia ti y a los que no pueden hacerlo. Presenta a tu Hijo Jesús lo que yo no sé decir. Y que nunca me sienta solo en el camino. Amén.

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