Nueve días de oración, con una meditación para cada día.
El 8 de septiembre se celebra a la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba, la imagen que, según la tradición, tres muchachos pobres encontraron flotando en el mar hacia 1612. Durante los nueve días anteriores, quien quiera puede prepararse así: cada día, una meditación breve, tu petición en silencio, un Padre nuestro, un Avemaría y un Gloria, y la oración final. Sin prisa, con lo que tengas.
Los nueve días:
30 de agosto
«Los que bajan al mar en naves y hacen su trabajo en las muchas aguas, esos vieron las obras del Señor.» (Sal 107,23-24)
Hacia 1612, o a comienzos de 1613, tres trabajadores pobres del oriente de Cuba salieron en canoa a la bahía de Nipe, en la costa norte, a buscar sal. Eran dos hermanos indígenas, Juan y Rodrigo de Hoyos, y un niño negro de unos diez años, esclavo, llamado Juan Moreno. La tradición los llama «los tres Juanes». No iban a buscar a Dios: iban a trabajar, a traer algo necesario para su casa. Así empieza esta historia, en medio de una jornada corriente, con las manos ocupadas. Quizá tu vida también está llena de tareas que se repiten y de cansancio. Hoy puedes empezar la novena desde ahí, sin salir de tu barca, sabiendo que Dios también sale al encuentro en el trabajo de cada día.
Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.
31 de agosto
«Y el espíritu de Dios se movía sobre las aguas.» (Gn 1,2)
Una mañana de mar tranquilo, los tres vieron a lo lejos algo que flotaba. Podía ser una rama, un pájaro cansado, un resto de algún naufragio. Se acercaron remando, con curiosidad y quizá con un poco de cautela. Lo que encontraron fue una pequeña imagen de la Virgen con el Niño en brazos, sujeta a una tablita. Ella no llegó con estruendo ni a un lugar importante, sino a la deriva, en medio del agua, hasta unos muchachos que no la esperaban. Así suele actuar Dios: se deja encontrar por quien se acerca. Hoy puedes mirar con calma lo que flota en tu vida, eso pequeño que ves de lejos y todavía no entiendes. A lo mejor vale la pena acercarse un poco más.
Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.
1 de septiembre
«Dios es caridad, y el que permanece en la caridad permanece en Dios, y Dios en él.» (1 Jn 4,16)
En la tablita que acompañaba a la imagen se leía una frase breve: «Yo soy la Virgen de la Caridad». No se presentó con títulos de poder ni de gloria, sino con una sola palabra: caridad, que es el amor que se da sin pedir nada a cambio. Llama la atención que una madre elija ese nombre para darse a conocer a tres pobres en una canoa. Como si dijera: esto es lo que soy, esto es lo que vengo a traer. En la Escritura, Dios mismo recibe ese nombre. Hoy puedes dejar que esa palabra te toque despacio. No necesitas merecer nada para recibir ese amor. Y quizá, al recibirlo, te nazca también el deseo de darlo a alguien cercano.
Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.
2 de septiembre
«Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo.» (Is 43,2)
Cuenta la tradición que, aunque la imagen había estado flotando en el agua quién sabe cuánto tiempo, sus ropas estaban secas. Los tres Juanes se quedaron asombrados. Más allá del detalle, esa imagen dice algo hondo: se puede pasar por aguas muy agitadas sin que el corazón quede empapado de miedo. Hay temporadas en que la vida parece un mar revuelto: una enfermedad, una pérdida, una noticia que no esperabas, una deuda que no te deja dormir. En esos días, la promesa del profeta sigue en pie: cuando pases por las aguas, Dios va contigo. No dice que no habrá agua. Dice que no estarás solo. Hoy puedes ponerle nombre a tu tormenta y dejarla en manos de la Virgen de la Caridad.
Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.
3 de septiembre
«Escondiste estas cosas a los sabios y prudentes, y se las revelaste a los pequeños.» (Mt 11,25)
Buena parte de lo que se sabe de aquella mañana se debe a Juan Moreno, el niño esclavo de la canoa. Ya anciano, en 1687, setenta y cinco años después, lo contó bajo juramento, y su declaración se conserva. Es hermoso que el testigo de esta historia sea precisamente el más pequeño de los tres, un niño sin libertad, sin voz ante nadie, al que pocos habrían escuchado. Dios suele confiar sus secretos a los sencillos. Tu palabra también vale, aunque a veces sientas que no cuenta para nadie. Lo que has vivido de Dios, por pequeño que te parezca, es tuyo y es verdadero. Hoy puedes darle gracias por eso y recordar con calma algún momento en que lo sentiste cerca.
Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.
4 de septiembre
«Levanta del polvo al necesitado y alza de la miseria al pobre.» (Sal 113,7)
La imagen se llevó primero a Barajagua y después a El Cobre, un pueblo minero cerca de Santiago de Cuba donde trabajaban esclavos en las minas de cobre. Allí se le levantó un santuario en lo alto de un cerro, y de ese pueblo le viene el nombre. No se quedó en una ciudad importante ni en un palacio. Se quedó entre los que trabajaban bajo tierra, entre los pobres, los esclavos y los campesinos, que la sintieron suya desde el principio. Si alguna vez te sientes en lo más bajo, cansado, sin que nadie valore tu esfuerzo, esta madre eligió vivir precisamente ahí. Hoy puedes rezar por todos los que trabajan duro y ganan poco, y por los que no tienen trabajo.
Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.
5 de septiembre
«Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.» (Jn 19,27)
Los cubanos la llaman Cachita, con la confianza con que se llama a alguien de la familia. No es falta de respeto: es cariño. En El Cobre, los peregrinos suben al santuario y le dejan lo que tienen: flores, velas, exvotos, fotos de sus seres queridos. Entre tantos regalos está también la medalla del Premio Nobel de Literatura que Ernest Hemingway quiso dejar al pueblo cubano. Para una madre, junto a esa medalla famosa, la foto de un niño o una vela sencilla valen lo mismo. Al pie de la cruz, el discípulo recibió a María en su casa. Hoy puedes hacer tú lo mismo: llamarla con el nombre que te salga del corazón y hacerle un lugar en tu casa.
Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.
6 de septiembre
«Las muchas aguas no pudieron apagar la caridad.» (Cant 8,7)
Cada 8 de septiembre, en Miami y en tantas ciudades donde viven cubanos, se reza a la Caridad a la vez que en El Cobre. Para muchas familias separadas por el mar, ella es lo que sigue uniéndolas. La Virgen que llegó flotando sobre las aguas conoce bien las distancias. Quizá tú también tienes a alguien lejos: un hijo que se fue, unos padres a los que no ves desde hace años, un amigo al otro lado de una frontera. La distancia duele, y ese dolor no es falta de fe. El Cantar de los Cantares dice que las muchas aguas no pueden apagar la caridad. Hoy puedes rezar por los que quieres y están lejos, con la confianza de que ningún mar corta el amor verdadero.
Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.
7 de septiembre
«Desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones.» (Lc 1,48)
En 1916, el papa Benedicto XV la declaró patrona de Cuba y fijó su fiesta el 8 de septiembre. Fue coronada en 1936, y su santuario de El Cobre fue declarado basílica menor en 1977. Juan Pablo II la coronó durante su viaje a Cuba en 1998, y más tarde Benedicto XVI y Francisco la visitaron allí. Entre 2010 y 2011, para los cuatrocientos años del hallazgo, una imagen peregrina recorrió la isla entera, de pueblo en pueblo, y la gente salió a la calle a recibirla. Mañana es su fiesta. Terminas la novena como empezó todo: con una madre que sale al encuentro en medio del agua. Puedes volver a ella siempre que quieras, estés donde estés.
Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.
Virgen de la Caridad, que llegaste flotando sobre el mar hasta tres muchachos pobres, sal también a mi encuentro en medio de mis aguas. Tú conoces lo que me preocupa y lo que me quita el sueño. Pongo en tus manos a los que están enfermos, a los que trabajan sin descanso y a los que viven lejos de los suyos. Tú que te diste a conocer con el nombre de Caridad, enséñame a querer así, sin pedir nada a cambio. Y guárdanos a todos cerca de tu Hijo Jesús. Amén.
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