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Novena a la Virgen de la Altagracia

Nueve días de oración, con una meditación para cada día.

Del 12 de enero al 20 de enero. Fiesta el 21 de enero.

El 21 de enero se celebra a Nuestra Señora de la Altagracia, a la que en la República Dominicana llaman con cariño Tatica, la de Higüey. Su imagen es un cuadro pequeño, pintado hace cinco siglos, con una escena de Belén: una madre joven que mira a su hijo recién nacido. Durante los nueve días anteriores, quien quiera puede prepararse así: cada día, una meditación breve, tu petición en silencio, un Padre nuestro, un Avemaría y un Gloria, y la oración final. Sin prisa, con lo que tengas.

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Cómo se reza

  1. La meditación del día.
  2. Tu petición. En silencio, cuéntale lo que llevas dentro, como se le habla a una madre, sin adornos.
  3. Un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
  4. La oración final, que es la misma los nueve días.

Los nueve días:

Día 1Día 2Día 3Día 4Día 5Día 6Día 7Día 8Día 9

Día 1. Un cuadro que cabe entre las manos

12 de enero

«Lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre.» (Lc 2,7)

En la Basílica de Higüey, en el extremo oriental de la República Dominicana, se venera una pintura que cabe entre dos manos: un óleo sobre tela de unos 33 por 45 centímetros. La pintó a comienzos del siglo XVI un artista español cuyo nombre no se conoce. No es una escena de gloria ni de poder, sino un momento de Belén: la Virgen inclinada sobre el Niño, que duerme en el pesebre. Resulta sorprendente que un pueblo entero haya puesto su corazón en algo tan pequeño. Pero así viene Dios: sin hacer ruido, en un rincón, envuelto en pañales. Hoy puedes empezar la novena mirando lo pequeño de tu propia vida, sin despreciarlo. Ahí también cabe Dios.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 2. Una madre que mira a su hijo

13 de enero

«María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.» (Lc 2,19)

Lo primero que llama la atención en el cuadro de la Altagracia es la mirada de la Virgen. No mira hacia fuera, no posa para nadie. Tiene los ojos puestos en su hijo recién nacido, como si no hubiera nada más en el mundo. Es la mirada de cualquier madre que vela un sueño, callada y atenta. El Evangelio cuenta que María guardaba todo lo que vivía y le daba vueltas en su corazón. Quizá tú también cargas con cosas que no terminas de entender, alegrías y preocupaciones mezcladas. No hace falta resolverlas hoy. Puedes guardarlas, como ella, y dejarte mirar un rato con esa misma ternura. Esa mirada no se cansa de ti.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 3. José, en la penumbra

14 de enero

«José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa.» (Mt 1,20)

Detrás de la Virgen y del Niño, casi escondido en la penumbra del cuadro, está san José. No ocupa el centro ni se le ve del todo, pero está ahí, cuidando. Es fácil pasarlo por alto. Así es también mucha gente buena: la que sostiene una casa sin que nadie se lo agradezca, la que trabaja de sol a sol, la que acompaña a un enfermo de noche. José tuvo miedo y dudas, y aun así se quedó. Recibió a María y al Niño como suyos. Hoy puedes dar gracias por las personas que te han cuidado desde la sombra, sin pedir nada. Y si eres tú quien cuida sin que se note, José sabe bien lo que es eso.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 4. La estrella sobre el pesebre

15 de enero

«Al ver la estrella, se alegraron con una alegría muy grande.» (Mt 2,10)

En lo alto del cuadro brilla la estrella de Belén, y el manto azul de la Virgen está sembrado de estrellas pequeñas. Es como si el cielo entero se hubiera acercado a mirar al Niño. Los magos siguieron una estrella durante mucho tiempo, sin saber bien adónde los llevaba, y cuando llegaron sintieron una alegría inmensa. También hay noches en las que cuesta ver hacia dónde vas. La luz no siempre es grande: a veces es solo un punto que no se apaga. Hoy puedes buscar esa pequeña luz en tu propia noche: una palabra amable, un recuerdo, alguien que te espera. Basta con seguirla un poco más. Al final del camino hay una madre y un niño.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 5. La niña que la soñó

16 de enero

«Has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños.» (Mt 11,25)

En Higüey se cuenta desde hace siglos un relato que es tradición, no crónica. Un comerciante de la villa viajaba a menudo a Santo Domingo. Antes de uno de esos viajes, su hija menor le pidió que le trajera una imagen de la Virgen de la Altagracia, a la que había visto en sueños. Nadie había oído hablar de ese nombre. Al final, dice el relato, el padre volvió con un pequeño lienzo, y era la Virgen que la niña había soñado. Es hermoso que la historia empiece con una niña y con un deseo sencillo. Hoy puedes pedir con esa misma confianza, como pide un hijo a su padre, sin palabras difíciles.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 6. Un naranjo en flor

17 de enero

«Este es mi lugar de descanso para siempre; aquí habitaré, porque lo he querido.» (Sal 132,14)

Sigue el relato tradicional: la familia colgó el lienzo en su casa, pero a la mañana siguiente había desaparecido, y lo encontraron entre las ramas de un naranjo en flor. Aquello se repitió varias veces, y los vecinos lo entendieron como un deseo de la Virgen de quedarse en ese lugar. Donde estaba el naranjo se levanta hoy el Santuario Viejo de Higüey, cuya primera construcción se terminó en 1572. Allí estuvo el cuadro casi cuatro siglos. Es una imagen bonita: una madre que elige quedarse entre la gente, al aire libre, junto a un árbol que da flor y fruto. Hoy puedes pedirle que se quede también en tu casa, donde más falta haga.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 7. Llegada desde el otro lado del mar

18 de enero

«Adonde tú vayas, iré yo; donde tú vivas, viviré yo.» (Rut 1,16)

Según la tradición, el cuadro llegó a la isla con los hermanos Alonso y Antonio de Trejo, dos de los primeros pobladores, naturales de Plasencia, que se establecieron en Higüey y lo regalaron al templo de la villa. La imagen cruzó el mar, como tantas personas lo han cruzado después en una y otra dirección. Hoy muchos dominicanos viven lejos de su tierra, en otras ciudades y otros países, y llevan a la Altagracia consigo, en una estampa o en el recuerdo. Para ella nadie es extranjero. Hoy puedes rezar por los que se fueron y por los que se quedaron esperándolos. Y si eres tú quien vive lejos, esta madre también camina contigo.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 8. Unas manos juntas

19 de enero

«Suba mi oración como incienso en tu presencia.» (Sal 141,2)

A mediados del siglo XX, el santuario antiguo ya no daba abasto, y se construyó la basílica actual. Su primera piedra se colocó un 21 de enero, el de 1952, y el templo se abrió al culto otro 21 de enero, el de 1971. Es un edificio sobrio, dominado por un gran arco alargado que recuerda unas manos juntas en oración. Por dentro, la mirada va derecha al cuadro. Siglos de humo de velas lo habían oscurecido, y en 1978 fue restaurado. Cada una de esas velas fue una petición de alguien. Hoy tu oración se une a todas ellas. No importa si es pequeña o si te sale torpe: sube igual, como el humo.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 9. Tatica, madre de su pueblo

20 de enero

«Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.» (Jn 19,27)

La fiesta del 21 de enero recuerda una batalla de 1691 en la Sabana Real de la Limonade. Según la tradición, los soldados criollos se encomendaron a la Virgen de la Altagracia antes del combate y prometieron honrarla si volvían con vida. Con el tiempo, esa fecha se convirtió en su gran día, y desde 1924 es fiesta nacional en la República Dominicana. Cada año, miles de personas llegan a Higüey para ponerse un momento delante de ella. Mañana es su fiesta. Terminas la novena como el discípulo al pie de la cruz: recibiéndola en tu casa, como madre. Esa compañía no termina mañana. Puedes volver a ella siempre que quieras, desde donde estés.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Oración final

Virgen de la Altagracia, madre que miras al Niño dormido con tanta ternura, mírame así también a mí, con lo que hoy me pesa y con lo que hoy me alegra. Tú conociste la pobreza de un pesebre y la alegría de un hijo en brazos. Te confío a los que viven lejos de su tierra, a los que los esperan, a los enfermos y a los que están solos. Que tu gracia, alta y cercana a la vez, me encuentre en el camino y me lleve siempre a tu Hijo Jesús. Amén.

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