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Novena a la Virgen de Coromoto

Nueve días de oración, con una meditación para cada día.

Del 2 de septiembre al 10 de septiembre. Fiesta el 11 de septiembre.

El 11 de septiembre se celebra a la Virgen de Coromoto, patrona de Venezuela, en el aniversario de su coronación en 1952. Según la tradición, la Virgen buscó con mucha paciencia a un cacique de los cospes que vivía retirado en la selva y que tardó mucho en decir que sí. Durante los nueve días anteriores, quien quiera puede prepararse así: cada día, una meditación breve, tu petición en silencio, un Padre nuestro, un Avemaría y un Gloria, y la oración final. Sin prisa, con lo que tengas.

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Cómo se reza

  1. La meditación del día.
  2. Tu petición. En silencio, pon en sus manos lo que hoy llevas dentro, también aquello que todavía no te atreves a decir en voz alta.
  3. Un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
  4. La oración final, que es la misma los nueve días.

Los nueve días:

Día 1Día 2Día 3Día 4Día 5Día 6Día 7Día 8Día 9

Día 1. Un pueblo en la selva

2 de septiembre

«El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz.» (Is 9,2)

Cuando los españoles fundaron Guanare, en 1591, los indígenas cospes que vivían en aquellas tierras se retiraron hacia el norte, a la selva. Allí seguían a mediados del siglo XVII, lejos de los caminos y de los pueblos nuevos. Así empieza la historia de la Virgen de Coromoto: no en una plaza ni en un templo, sino entre árboles, con un pueblo que prefería quedarse aparte. A veces también tú te retiras a tu propia selva, por cansancio, por desconfianza o porque ya te han herido antes. Nadie te lo reprocha aquí. Esta novena empieza donde estás, sin pedirte que salgas de ningún sitio. Hoy basta con saber que la luz sabe encontrar los lugares apartados.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 2. Sobre el agua de la quebrada

3 de septiembre

«El Espíritu de Dios se movía sobre las aguas.» (Gn 1,2)

Cuenta la tradición que en 1651 el cacique Coromoto y su mujer vieron, sobre el agua de una quebrada, a una señora muy hermosa con un niño en brazos. No estaban rezando ni la buscaban: seguramente iban a lo suyo, a por agua o de camino. Ella se dejó ver en lo más cotidiano de su vida, en el agua de todos los días. Dios suele elegir esos lugares corrientes para asomarse. Quizá hoy tu vida te parece solo rutina: el trabajo, la casa, las mismas calles de siempre. Puedes mirar ese paisaje conocido con un poco más de atención. En medio de lo que se repite, también puede aparecer algo hermoso que te espera.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 3. Agua en la cabeza

4 de septiembre

«Te he llamado por tu nombre: tú eres mío.» (Is 43,1)

Según la tradición, la señora de la quebrada les pidió que fueran a casa de los blancos para que les echaran el agua en la cabeza. Así, con esas palabras tan sencillas, les habló del bautismo. No usó términos difíciles ni explicaciones largas: les habló como ellos podían entender. El bautismo es eso, un agua que dice tu nombre y te recuerda que eres de Dios, que perteneces a alguien que te quiere. Si estás bautizado, esa agua sigue siendo tuya, aunque haga años que no piensas en ella. Hoy puedes tocarte la frente con calma y recordar que te llamaron por tu nombre. Nada de lo que has vivido desde entonces ha borrado esa llamada.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 4. Alguien que promete volver

5 de septiembre

«Qué hermosos son sobre los montes los pies del que anuncia la paz.» (Is 52,7)

Coromoto le contó lo que habían visto a Juan Sánchez, un español de la zona, que prometió volver para enseñarles. Los cospes se instalaron cerca, empezaron a aprender la fe poco a poco, y algunos se bautizaron. En esta historia la Virgen no lo hace todo sola: cuenta con un vecino que escucha, que se toma en serio lo que le dicen y que regresa. También en tu vida hubo personas así, alguien que te enseñó a rezar, que te explicó con paciencia o que simplemente estuvo. Hoy puedes darle gracias a Dios por esas personas, con sus nombres. Y quizá también a ti te toque, sin darte cuenta, ser para otro ese vecino que vuelve.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 5. Extrañaba su libertad

6 de septiembre

«Donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.» (2 Co 3,17)

La historia no esconde lo difícil. Coromoto extrañaba su libertad, la vida de antes, la selva que conocía. No terminaba de decidirse y, al final, volvió a marcharse. Es un momento muy humano: había visto algo hermoso, había empezado un camino, y aun así le pesaba demasiado lo que dejaba atrás. Quizá lo reconoces. Empiezas algo con ilusión y luego te vence la nostalgia, el miedo o la costumbre. Dios no te retiene a la fuerza ni te encierra. La fe que él ofrece no es una jaula, sino una libertad más ancha que la que temes perder. Hoy puedes contarle, sin vergüenza, qué es lo que te cuesta soltar.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 6. Una madre que no se cansa

7 de septiembre

«¿Puede una mujer olvidarse de su niño? Yo no me olvidaré de ti.» (Is 49,15)

Coromoto se había ido, pero la historia no termina ahí. La Virgen no se da por vencida ni se aparta ofendida. Según la tradición, vuelve a buscarlo, como una madre que sale detrás del hijo que se ha ido de casa dando un portazo. No espera a que él regrese arrepentido ni le pone condiciones. Es ella quien se pone en camino otra vez. Quizá tú también te has alejado alguna vez, o varias, y piensas que ya se habrán cansado de esperarte. Esta historia dice otra cosa. La paciencia de Dios es más larga que tus idas y venidas. Hoy puedes dejar que te encuentre, sin preparar ningún discurso, tal como estás.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 7. La noche del 8 de septiembre

8 de septiembre

«Mira, estoy a la puerta y llamo.» (Ap 3,20)

Hoy se recuerda aquella noche. Cuenta la tradición que el 8 de septiembre de 1652 la Virgen se apareció dentro de la choza de Coromoto. Estaban con él su mujer, su cuñada Isabel y el hijo de esta, un muchacho de unos doce años. El cacique, enojado, tomó su arco y la amenazó con una flecha. Ella no huyó ni respondió con dureza: se acercó. Es una escena sorprendente. Ante el enojo, más cercanía. Ante la flecha, un paso adelante. Tal vez hay rincones de tu vida donde tú también te defiendes, con el arco tenso, porque temes que te hagan daño. Hoy puedes bajar un poco la guardia. Quien se acerca así no viene a quitarte nada.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 8. En la palma de la mano

9 de septiembre

«Mira, te llevo escrito en las palmas de mis manos.» (Is 49,16)

Coromoto alargó la mano para agarrarla, y la Virgen desapareció. En su mano quedó una imagen diminuta que brillaba, de dos centímetros y medio de alto. Él la escondió envuelta en hojas, pero el muchacho vio dónde la guardaba y avisó a Juan Sánchez, que la recogió. La tradición cuenta además que el cacique, huyendo, fue mordido por una serpiente, que entonces pidió el bautismo y murió bautizado, pidiendo a los suyos que se bautizaran también. Al final, dijo que sí. Dios cabe en algo tan pequeño como una mano cerrada. Hoy puedes abrir la tuya despacio, con lo que llevas dentro, y ofrecérselo. Nunca es tarde para decir que sí.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 9. Patrona de Venezuela

10 de septiembre

«Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones.» (Lc 1,48)

El 2 de febrero de 1654 la pequeña imagen fue llevada a la iglesia de Guanare, donde se veneró durante más de tres siglos. En 1944 el papa Pío XII confirmó a la Virgen de Coromoto como patrona de Venezuela, y el 11 de septiembre de 1952, a los trescientos años de la aparición, fue coronada. Hoy la reliquia se guarda en el santuario nacional, cerca del lugar de las apariciones. En septiembre llegan peregrinos de todo el país, y en muchas casas venezolanas, dentro y fuera de Venezuela, hay una estampa de la Coromoto. Mañana es su fiesta. Terminas la novena con la certeza de Coromoto: nadie está demasiado lejos para ella.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Oración final

Virgen de Coromoto, que buscaste a un cacique en la selva y no te cansaste de él cuando te dijo que no, búscame también a mí cuando me alejo. Tú conoces mis dudas, mis miedos y lo que no sé contar. Pongo en tus manos a mi familia, a los que viven lejos de su tierra y a los que esperan volver a abrazarse. Tú que te quedaste pequeña en una mano cerrada, quédate en la mía y enséñame a abrirla. Llévame siempre cerca de tu Hijo Jesús. Amén.

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