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Novena a la Virgen de Chiquinquirá (la Chinita)

Nueve días de oración, con una meditación para cada día.

Del 9 de noviembre al 17 de noviembre. Fiesta el 18 de noviembre.

El 18 de noviembre se celebra en Maracaibo a la Virgen del Rosario de Chiquinquirá, a la que sus devotos llaman con cariño la Chinita, patrona del Zulia. Según la tradición, su imagen llegó en una tablita de madera que el lago dejó en la orilla. Durante los nueve días anteriores, quien quiera puede prepararse así: cada día, una meditación breve, tu petición en silencio, un Padre nuestro, un Avemaría y un Gloria, y la oración final. Sin prisa, con lo que tengas.

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Cómo se reza

  1. La meditación del día.
  2. Tu petición. En silencio, cuéntale a la Chinita lo que hoy llevas dentro, con tus palabras de siempre.
  3. Un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
  4. La oración final, que es la misma los nueve días.

Los nueve días:

Día 1Día 2Día 3Día 4Día 5Día 6Día 7Día 8Día 9

Día 1. Lo que trae el agua

9 de noviembre

«Echa tu pan sobre las aguas, que al cabo de mucho tiempo lo encontrarás.» (Ecl 11,1)

Cuenta la tradición que en 1709, a orillas del lago de Maracaibo, una tablita de madera flotaba cerca de la orilla. Nadie la había traído a propósito. El agua la fue acercando, sin prisa, hasta donde alguien pudiera verla. Así empieza esta historia: no con un gran anuncio, sino con algo pequeño que llega solo. Muchas cosas buenas de la vida llegan así, empujadas por corrientes que no controlas: una amistad, una palabra a tiempo, una ayuda que no esperabas. Hoy empiezas la novena a la orilla de tu propio lago. No hace falta buscar lejos. Basta con mirar despacio lo que el día te acerca, y dejar que la Chinita te enseñe a reconocer lo que viene de Dios.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 2. Una mujer que lavaba ropa

10 de noviembre

«Porque ha puesto los ojos en la pequeñez de su sierva.» (Lc 1,48)

La tradición dice que quien encontró la tablita fue una mujer humilde que lavaba ropa en el lago, y la llama María Cárdenas. No era una persona importante ni tenía un oficio que la gente admirara. Trabajaba con las manos, en el agua, como tantas mujeres que sostienen una casa sin que nadie lo note. A ella le tocó recoger la imagen. Dios suele escoger así: no mira el lugar que ocupas, sino el corazón con que vives. Quizá tu trabajo tampoco luce, quizá pasas el día haciendo cosas que nadie agradece. Nada de eso queda fuera de la mirada de María. Hoy puedes ofrecerle tus manos cansadas y lo que haces cada día, aunque parezca poco.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 3. La tapa de la tinaja

11 de noviembre

«Realmente el Señor está en este lugar, y yo no lo sabía.» (Gn 28,16)

Se cuenta que la lavandera no vio nada especial en aquella tabla. Apenas dejaba ver nada, así que la usó para tapar la tinaja del agua. Durante un tiempo la imagen de la Virgen estuvo allí, en la casa, cumpliendo una tarea humilde, sin que nadie supiera lo que era. Esta parte de la historia tiene mucha ternura. María no reclamó un altar. Se quedó cerca del agua que bebía la familia, al servicio de la casa. También en tu vida hay presencias de Dios que pasan desapercibidas, escondidas en lo de todos los días. Hoy puedes mirar tu casa, tu mesa y a los tuyos con otros ojos. A lo mejor Dios lleva tiempo ahí, esperando a que lo veas.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 4. Unos golpes en la casa

12 de noviembre

«Mira, estoy a la puerta y llamo.» (Ap 3,20)

Según la tradición, un 18 de noviembre se oyeron unos golpes en la casa. La mujer fue a mirar qué pasaba y encontró la tablita cambiada: en la madera, que antes apenas dejaba ver nada, se distinguía con claridad la imagen de la Virgen, llena de luz. Dios no entra a la fuerza. Llama, como quien espera que le abran. A veces esos golpes suenan en forma de inquietud, de nostalgia, de un deseo que no sabes nombrar. Otras veces llegan a través de una persona que se acerca en el momento justo. No siempre se entienden a la primera. Hoy puedes quedarte un momento en silencio y escuchar si algo llama a tu puerta. No hace falta tenerlo todo claro para ir a abrir.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 5. ¡Milagro!

13 de noviembre

«Grandes cosas ha hecho el Señor con nosotros, y estamos alegres.» (Sal 126,3)

Cuenta la tradición que la lavandera salió a la calle gritando «¡Milagro!», y los vecinos acudieron a ver lo que había pasado. No se guardó la alegría para ella sola. La compartió enseguida con los de su barrio, y aquella calle pasó a llamarse El Milagro. Hay algo muy sano en esa reacción: cuando algo bueno te pasa, lo natural es contarlo, llamar a los demás, celebrarlo juntos. La fe también se vive así, en compañía, de puerta en puerta. Hoy puedes recordar las cosas buenas que Dios ha puesto en tu camino, las grandes y las pequeñas. Y quizá compartir alguna con alguien cercano, sin solemnidad, con la sencillez de quien cuenta una buena noticia.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 6. La Virgen del Rosario y el Niño

14 de noviembre

«María guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón.» (Lc 2,19)

La imagen de la tablita resultó ser la misma escena del lienzo de Chiquinquirá, en Colombia: la Virgen del Rosario con el Niño, entre san Antonio de Padua y san Andrés. Por eso la llamaron Virgen de Chiquinquirá. Es la Virgen del Rosario, la que acompaña a quien reza despacio, recorriendo los misterios de la vida de Jesús. El Rosario es una oración de gente sencilla: cabe en un bolsillo, se reza caminando, en la cama o en un hospital. No pide saber mucho, solo volver una y otra vez a mirar a Jesús con los ojos de su madre. Hoy puedes rezar al menos un misterio, sin prisa, dejando que cada Avemaría te acerque un poco más a él.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 7. La tabla que quiso quedarse

15 de noviembre

«Este es mi lugar de descanso para siempre; aquí habitaré.» (Sal 132,14)

La tradición cuenta que, cuando llevaban la tablita en procesión hacia el templo principal de la ciudad, al pasar por la ermita de San Juan de Dios se volvió tan pesada que no hubo manera de seguir. Se entendió que quería quedarse allí, y allí se quedó. Aquella ermita es hoy la basílica de Nuestra Señora de Chiquinquirá, en el centro de Maracaibo. La imagen no llegó al sitio más importante, sino que se quedó en el que tenía cerca. Hay en esta historia una invitación suave: Dios no espera a que llegues a un lugar ideal para encontrarte. Se queda donde estás. Hoy puedes pedirle a la Chinita que se quede también en tu casa, en tu barrio y en tu vida tal como es.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 8. Los que viven lejos

16 de noviembre

«Si tomo las alas de la aurora y voy a vivir al extremo del mar, también allí me guiará tu mano.» (Sal 139,9-10)

Hoy muchos zulianos viven lejos de Venezuela, repartidos por otras ciudades y otros países. Para muchos de ellos, noviembre es el mes de poner una gaita, buscar una misa de la Chinita en la ciudad donde viven o encender una vela delante de su estampa. Es una manera de llevar la casa por dentro. La fe tiene esa fuerza: une a los que se fueron con los que se quedaron esperando. Ninguna distancia deja a nadie fuera del cariño de María. Hoy puedes rezar por las familias separadas, por los que empiezan de nuevo en tierra extraña y por los que extrañan a alguien. Y si tú mismo vives lejos de los tuyos, la Chinita también camina contigo.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 9. Una fiesta que abre la Navidad

17 de noviembre

«El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz.» (Is 9,1)

Desde 1966, las fiestas de la Chinita se viven como una feria que llena Maracaibo durante semanas. A finales de octubre, en la Bajada, la imagen baja del lugar alto donde se venera para quedar más cerca de la gente. Las gaitas le cantan, y el 18 de noviembre la basílica se llena desde la madrugada. En 1942 fue coronada como patrona del Zulia. Para los zulianos, su fiesta es además el comienzo de la Navidad. Tiene sentido: la madre abre el camino al Hijo que va a nacer. Mañana es su día. Terminas la novena con la misma luz que se vio en la tablita. Esa luz no se apaga cuando acaba la fiesta. Puedes volver a ella siempre que quieras.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Oración final

Chinita, Madre del Rosario, que llegaste por el agua a la casa de una mujer sencilla, entra también en la mía tal como está. Tú conoces lo que me pesa y lo que espero. Pongo en tus manos a los que están enfermos, a los que viven lejos de su tierra y a los que se quedaron esperando. Enséñame a ver lo que tengo delante, aunque parezca poca cosa. Y guárdanos a todos cerca de tu Hijo Jesús, con la alegría de tu fiesta. Amén.

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