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Novena a la Natividad de la Virgen

Nueve días de oración, con una meditación para cada día.

Del 30 de agosto al 7 de septiembre. Fiesta el 8 de septiembre.

El 8 de septiembre se celebra la Natividad de la Virgen: el día en que nació María. Es también la fiesta de muchas Vírgenes queridas, como Covadonga en Asturias, Guadalupe en Extremadura o la Victoria en Málaga, y, al otro lado de los Pirineos, Meritxell en Andorra. Durante los nueve días anteriores, quien quiera puede prepararse así: cada día, una meditación breve, tu petición en silencio, un Padre nuestro, un Avemaría y un Gloria, y la oración final. Sin prisa, con el final del verano.

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Cómo se reza

  1. La meditación del día.
  2. Tu petición. En silencio, cuéntale a María lo que en tu vida está empezando, aunque todavía sea pequeño y no sepas en qué acabará.
  3. Un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
  4. La oración final, que es la misma los nueve días.

Los nueve días:

Día 1Día 2Día 3Día 4Día 5Día 6Día 7Día 8Día 9

Día 1. Una niña en una casa cualquiera

30 de agosto

«Saldrá un brote del tronco de Jesé, y de su raíz crecerá un vástago.» (Is 11,1)

Los evangelios no cuentan cómo nació María. No dicen dónde ni cuándo, ni quién estaba en la casa aquella noche. Lo que se celebra el 8 de septiembre llega por la tradición, que durante siglos quiso imaginar ese nacimiento y darle un día. Y es bonito que sea así: el principio de María se parece al de casi todo el mundo, un nacimiento del que nadie tomó nota. Isaías habla de un brote que sale de un tronco que parecía seco. Así empiezan muchas cosas de Dios: donde nadie mira, en una casa cualquiera. Esta novena empieza con esa sencillez. No hace falta llegar con grandes sentimientos. Basta con acercarte, como quien se asoma a una cuna, y quedarte un rato mirando.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 2. La aurora antes del sol

31 de agosto

«¿Quién es esta que se asoma como la aurora cuando se levanta?» (Cant 6,10)

Desde muy antiguo, muchos han leído en esta frase del Cantar de los Cantares una imagen de María: la aurora. La aurora no es el sol, pero lo anuncia. Todavía es de noche en muchas partes del cielo, y sin embargo algo ha cambiado: la oscuridad ya no es completa. El nacimiento de María es eso en la historia de la salvación. Jesús aún no ha llegado, pero ya hay luz en el horizonte. Quizá conoces esas horas raras, antes de amanecer, cuando no se puede dormir y todo parece más grande de lo que es. Hoy puedes pensar en María como esa primera claridad. No lo resuelve todo de golpe. Solo avisa, con suavidad, de que la noche no es para siempre.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 3. Joaquín y Ana

1 de septiembre

«Da a la estéril un hogar, madre feliz de sus hijos.» (Sal 113,9)

Según la tradición, recogida en un escrito muy antiguo del siglo II, los padres de María se llamaban Joaquín y Ana. Se cuenta que eran ya mayores, que habían esperado mucho tiempo un hijo y que casi habían dejado de esperarlo. Nada de eso aparece en la Biblia, pero muchos cristianos lo han guardado con cariño, porque dice algo verdadero: la vida puede llegar cuando parecía tarde. Hay personas que esperan un hijo que no viene, otras que esperan una reconciliación, un trabajo, una salud que no acaba de volver. Joaquín y Ana, tal como los recuerda la tradición, son abuelos de la espera. Hoy puedes ponerte a su lado con lo que tú esperas, sin forzar nada, y dejar que te acompañen.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 4. Nadie sabía lo que sería

2 de septiembre

«Tus ojos veían mi ser cuando aún no estaba formado.» (Sal 139,16)

Cuando nació María, nadie en aquella casa sabía lo que llegaría a ser. Era una niña más, con su llanto, su hambre y su sueño. Sus padres la mirarían como se mira a cualquier recién nacido: con ternura y con preguntas. Solo Dios veía más lejos. El salmo dice que sus ojos ya nos conocían antes de que estuviéramos del todo hechos. Eso vale también para ti. Hay mucho de tu vida que todavía no sabes, mucho que no se ve desde fuera y quizá ni desde dentro. No pasa nada. No hace falta tener claro lo que serás para ser querido ahora. María creció sin saber su futuro, y aun así fue sostenida. Hoy puedes descansar en esa misma mirada.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 5. Crecer despacio

3 de septiembre

«Antes de formarte en el vientre, te conocía.» (Jr 1,5)

Después del nacimiento vienen los años que nadie cuenta. María aprende a andar, a hablar, a ayudar en casa, a rezar con los salmos que oía a los mayores. Se cuenta que creció en Nazaret, un pueblo pequeño de Galilea, lejos de todo lo importante. Nada de eso quedó escrito, y sin embargo fue ahí donde se fue haciendo la mujer que un día diría sí. Dios no tiene prisa con las personas. Conoce a cada uno desde antes de nacer y le deja crecer a su ritmo. Quizá te cuesta aceptar tus tiempos, lo que tarda en cambiar, lo que aún no está maduro. Hoy puedes mirar tus años sin historia con otros ojos: también en ellos Dios estaba haciendo algo.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 6. Una Madre con muchos nombres

4 de septiembre

«Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones.» (Lc 1,48)

El 8 de septiembre, en muchos rincones de España, la gente sube a una ermita, saca a la Virgen en procesión o se acerca a un santuario de montaña. En Covadonga, según la tradición, se la venera en una cueva junto a una cascada. En Guadalupe, en Extremadura, se cuenta que un pastor encontró su imagen junto a un río. En Málaga la llaman de la Victoria, y en Andorra, Meritxell. Son muchos nombres para una misma madre, y cada uno guarda historias de pueblos enteros: promesas, bodas, despedidas, regresos. María lo dijo en su canto: todas las generaciones la llamarían dichosa. Hoy puedes acordarte de la Virgen de tu tierra, o de la de tus abuelos, y rezarle con ese nombre que es tuyo.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 7. Una alegría para todo el mundo

5 de septiembre

«El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz.» (Is 9,1)

Un nacimiento suele ser una alegría de familia. Llaman los parientes, se acercan los vecinos, alguien trae algo de comer. El de María, sin que nadie lo supiera, era una alegría mucho más ancha. Con ella empezaba a cumplirse lo que Isaías había anunciado a un pueblo cansado: una luz grande para los que caminaban a oscuras. Por eso esta fiesta tiene algo de cumpleaños compartido. Se alegra quien reza en una catedral y quien reza solo en su cocina, quien está de fiesta en su pueblo y quien está en un hospital. Hoy puedes pensar en las personas que viven a oscuras, por tristeza, por soledad o por enfermedad, y ponerlas cerca de esta niña que trae luz sin hacer ruido.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 8. El día de los comienzos pequeños

6 de septiembre

«¿Quién despreció el día de los comienzos pequeños?» (Za 4,10)

El profeta Zacarías habla a un pueblo que reconstruía el templo con pocos medios y muchas dudas. Los mayores recordaban el antiguo y el nuevo les parecía poca cosa. Y el profeta pregunta: ¿quién se atreve a despreciar los comienzos pequeños? El nacimiento de María es uno de esos comienzos. Una niña en un pueblo sin nombre no parecía gran cosa, y ahí estaba empezando todo. Quizá en tu vida hay algo que acaba de empezar y que todavía parece frágil: una amistad, un cambio, un propósito, una fe que vuelve despacio. No lo midas por su tamaño de hoy. Déjalo crecer. Hoy puedes poner en manos de María eso pequeño que tienes entre las manos, para que lo cuide como se cuida a un recién nacido.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 9. Víspera de su cumpleaños

7 de septiembre

«Al llegar la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer.» (Gál 4,4)

Mañana es el cumpleaños de María. San Pablo, sin decir su nombre, resume en pocas palabras por qué importa tanto: el Hijo de Dios quiso nacer de una mujer. Para que eso pudiera pasar, antes tuvo que nacer ella. Su nacimiento prepara el de Jesús, igual que la aurora prepara el día. En muchos lugares ya se oyen las bandas, se arreglan las ermitas, se preparan las flores. Tú también puedes llegar a la fiesta con algo en las manos: lo que has rezado estos nueve días, las personas que has nombrado, lo que empieza en tu vida. No hace falta que esté terminado. A una madre se le lleva lo que uno tiene. Y ella, como en cualquier cumpleaños, se alegra sobre todo de que hayas venido.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Oración final

María, niña recién nacida, tú llegaste al mundo sin ruido, como llega la luz antes del sol. Nadie sabía lo que ibas a ser, y Dios ya te estaba mirando con cariño. Mira tú también lo que en mí está empezando: lo que todavía no tiene nombre, lo que da miedo y lo que ilusiona. Cuida de los niños que hoy nacen, de sus madres y de las casas que los esperan. Y cuando mi vida se haga de noche, sé mi aurora, hasta que amanezca del todo tu Hijo Jesús. Amén.

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