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Historias de la Biblia para leer con los niños

José y sus hermanos

Génesis, capítulos 37 a 50

1El hijo preferido

Hace muchísimo tiempo, en la tierra de Canaán, vivía un pastor llamado Jacob. Tenía doce hijos. Uno de ellos se llamaba José, y su padre lo quería más que a todos los demás, porque le había nacido cuando ya era mayor.

Un día Jacob le hizo a José una túnica a rayas, muy bonita, distinta de la de sus hermanos. Cuando los hermanos la vieron, se pusieron muy celosos. Tanto, que ya no le hablaban con cariño.

2Dos sueños muy raros

Una noche, José tuvo un sueño y se lo contó a sus hermanos: «Estábamos atando gavillas en pleno campo, y mi gavilla se levantó y se quedó derecha, mientras vuestras gavillas la rodeaban y se inclinaban ante la mía». (Una gavilla es un manojo grande de espigas de trigo atado por el medio).

Los hermanos se enfadaron: «¿Es que vas a ser nuestro rey? ¿Vas a mandar sobre nosotros?».

Después José soñó que el sol, la luna y once estrellas se inclinaban ante él. Ni a su padre le gustó aquel sueño, pero Jacob se quedó pensando en él.

3En el fondo de la cisterna

Un día, los hermanos estaban lejos, cuidando las ovejas, y Jacob envió a José a ver cómo estaban. Cuando lo vieron venir, dijeron: «Ahí viene el soñador». Y quisieron librarse de él.

Rubén, el hermano mayor, quería salvarlo. Les dijo: «No le quitemos la vida». Y añadió: «Echadlo a esta cisterna del desierto». Una cisterna es un hoyo grande para guardar el agua de la lluvia. Rubén pensaba volver más tarde, sacarlo y llevarlo a casa.

Le quitaron la túnica a rayas y lo echaron a la cisterna, que estaba vacía, sin una gota de agua. Pero José no estaba solo: Dios no se olvidaba de él.

4Vendido por veinte monedas

Mientras comían, vieron pasar una caravana de camellos que iba hacia Egipto. Judá, otro de los hermanos, dijo que era mejor no hacerle daño, «porque es hermano nuestro», y propuso venderlo a aquellos comerciantes.

Y así lo hicieron: vendieron a José por veinte monedas de plata, y los comerciantes se lo llevaron a Egipto. Cuando Rubén volvió a la cisterna, José ya no estaba.

Luego mancharon la túnica con sangre de un cabrito y se la enviaron a su padre. Jacob creyó que una fiera había matado a José y lloró por él muchos días. Pero José estaba vivo, y Dios iba con él camino de Egipto.

5Esclavo y preso

En Egipto compró a José un hombre importante, Putifar. Dios estaba con José, y todo lo que hacía le salía bien, así que Putifar lo puso al frente de toda su casa.

Pero la mujer de Putifar lo acusó de algo que José no había hecho, y lo encerraron en la cárcel.

Allí también Dios seguía con él. Un día, dos presos que habían servido al faraón, el rey de Egipto, tuvieron sueños extraños: eran el copero (el que le servía el vino) y el panadero. José les explicó qué significaban, y todo pasó tal como él había dicho. El copero volvió a su puesto en el palacio. José le pidió: «Acuérdate de mí». Pero el copero se olvidó de él… durante dos años.

6Los sueños del faraón

Una noche, el faraón soñó que del río Nilo salían siete vacas gordas, y detrás, siete vacas flacas que se comían a las gordas. Luego soñó con siete espigas llenas de grano y con otras siete secas, que se tragaban a las buenas.

Nadie en Egipto sabía explicar aquellos sueños. Entonces el copero se acordó por fin de José. Lo sacaron de la cárcel y lo llevaron ante el faraón.

José le dijo: «No soy yo; será Dios quien dé al faraón una respuesta favorable». Y le explicó que vendrían siete años de cosechas muy buenas, y después siete años de hambre. Había que guardar grano en los años buenos para cuando faltara.

7Gobernador de Egipto

Al faraón le gustó tanto lo que oyó que nombró a José gobernador de todo Egipto. Le puso su anillo en el dedo, lo vistió de lino fino y le colgó al cuello un collar de oro. José tenía treinta años.

Durante los siete años buenos, José guardó muchísimo trigo en las ciudades. Había tanto que dejó de contarlo: ¡era como la arena del mar!

Cuando llegaron los años de hambre, en Egipto había pan. Y de todos los países venía gente a comprar trigo a José.

8Los hermanos llegan a Egipto

En Canaán también había hambre. Jacob envió a diez de sus hijos a Egipto a comprar trigo. Al pequeño, Benjamín, no lo dejó ir: tenía miedo de perderlo, como había perdido a José.

Los hermanos llegaron ante el gobernador y se inclinaron hasta el suelo. ¡No sabían que era José! Él sí los reconoció enseguida, y se acordó de sus sueños.

José les habló con dureza y les dijo que no volvieran sin su hermano pequeño. Simeón tuvo que quedarse en Egipto. José se apartó un momento y se echó a llorar.

9La copa de plata

Cuando se les acabó el trigo, los hermanos volvieron a Egipto, esta vez con Benjamín. Al verlo, José se emocionó tanto que tuvo que salir a llorar a solas. Después los invitó a comer.

Antes de que se marcharan, José mandó esconder su copa de plata en el saco de Benjamín. Su mayordomo los alcanzó en el camino, abrieron los sacos… ¡y la copa apareció en el de Benjamín!

Volvieron ante José, y Judá dio un paso adelante y dijo: «Deja que tu siervo ocupe el lugar del muchacho y sea esclavo de mi señor, y que el muchacho regrese con sus hermanos. Porque ¿cómo voy a subir a casa de mi padre sin el muchacho?».

10«Soy José, vuestro hermano»

José ya no pudo aguantar más. Hizo salir a todos los egipcios y lloró tan fuerte que lo oyeron en el palacio. Entonces dijo:

«Soy José, vuestro hermano, al que vendisteis para que lo llevaran a Egipto».

Génesis 45, 4

Los hermanos no podían ni hablar de la sorpresa. José les dijo que no estuvieran tristes, porque Dios lo había enviado delante de ellos para salvar muchas vidas. Abrazó a Benjamín y los dos lloraron. Luego besó a todos sus hermanos.

11Juntos otra vez

Los hermanos volvieron a Canaán con la noticia: «José sigue vivo, y es el gobernador de todo Egipto». Al principio Jacob no se lo creía. Pero cuando vio las carretas que José le enviaba para llevarlo, dijo: «¡Basta!». Y añadió: «Mi hijo José vive todavía; iré a verlo antes de morir».

José salió a su encuentro en Gosén. En cuanto vio a su padre, se le echó al cuello y estuvo llorando largo rato abrazado a él. Y toda la familia se quedó a vivir en Egipto, cerca de José.

José nunca estuvo solo

En la cisterna, en el camino, en la cárcel y en el palacio, Dios estuvo siempre con José. Las cosas difíciles no duraron para siempre, y al final todo salió bien: José volvió a abrazar a su padre y a sus hermanos.

Dios también está siempre contigo, como estuvo con José.