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Salmo 37: No te inquietes por los malvados

Para los días en que indigna ver que al que hace daño le va bien.

Se reza en el Oficio de lectura del martes de la semana II del salterio, repartido en tres partes.

Largo y sereno, suena más a consejo que a súplica: no se dirige a Dios, sino a ti. Habla a quien se quema por dentro viendo prosperar al que hace trampas, y le repite una sola cosa de muchas maneras: espera, que eso no dura. Las biblias de hoy, que numeran según el texto hebreo, lo llaman salmo 37; la Liturgia de las Horas, fiel a la cuenta de la antigua Vulgata latina, lo trae como el 36.

Rezar la hora de hoy

De dónde viene

Su título hebreo cabe en dos palabras, «De David», y lo pone así bajo el nombre del rey. Dentro del poema, además, se deja oír alguien de mucha edad: «Fui joven, y ahora ya soy viejo» (verso 25).

En hebreo es un poema alfabético: cada estrofa, de unos dos versos, empieza por una letra, y las letras siguen por orden las veintidós del alfabeto, de la primera a la última, aunque no siempre con regularidad perfecta. Los estudiosos lo entienden como una manera de decir que el asunto se recorre entero, de la a a la zeta. Por eso avanza como una colección de dichos, al estilo de los Proverbios, más que como una oración seguida.

Su frase más conocida es la del verso 11: «La tierra será de los humildes». Jesús la recoge casi palabra por palabra en una de las bienaventuranzas (Mt 5,5).

Qué dice, por partes

No te inquietes (versos 1 a 11)Tres veces dice lo mismo: no te inquietes. La rabia por el éxito del malvado solo lleva al mal. A cambio propone verbos tranquilos: fíate, obra bien, deja tu camino en manos del Señor, quédate en calma, aguárdalo.
El malvado y su día (versos 12 a 20)El que trama contra el justo acaba herido por su propia espada. Más vale lo poco que tiene el justo que la fortuna de muchos malvados, que se desvanecen como el humo.
Lo que he visto (versos 21 a 31)Habla la experiencia: el justo regala y presta, y si tropieza no se queda tirado, porque el Señor le sujeta la mano. «No he visto nunca al justo desamparado» es el testimonio de una vida, no una regla sin excepciones.
Mira el final (versos 32 a 40)El malvado parecía un árbol frondoso y, al volver a pasar, ya no estaba. El salmo invita a fijarse en cómo acaban las cosas y termina donde empezó: es el Señor quien salva a los justos.

El salmo completo

No te inquietes por los malvados,
no tengas envidia de quien obra mal;
se secarán muy pronto, como el heno,
se mustiarán como la hierba verde.
Fíate del Señor y obra bien,
habita en la tierra y vive de su lealtad.
Busca tu gozo en el Señor,
y te concederá lo que pide tu corazón.

Deja tu camino en manos del Señor,
fíate de él, que él se encargará:
sacará a la luz tu inocencia, que brillará como el alba,
y tu derecho, como el sol de mediodía.
Quédate en calma ante el Señor y aguárdalo;
no te inquietes por el que triunfa en la vida,
por el que se sale con la suya en sus intrigas.
Aparta la ira, deja el enfado,
no te inquietes, que eso solo lleva al mal.
Porque a los que obran mal los arrancarán,
y quienes cuentan con el Señor poseerán la tierra.

Dentro de poco no quedará ni rastro del malvado;
mirarás dónde estaba, y ya no habrá nadie.
La tierra será de los humildes,
que gozarán de una paz sin medida.
El malvado maquina contra el justo
y le enseña los dientes rechinando;
pero mi Señor se le ríe,
porque sabe que su día está al caer.

Los malvados sacan la espada y tensan el arco
para tumbar al pobre y al que no tiene nada,
para degollar a la gente honrada;
pero la espada se les clavará en su propio corazón
y los arcos se les romperán.
Más vale lo poco que tiene el justo
que la fortuna de muchos malvados;
porque a los malvados se les quebrarán los brazos,
mientras que al justo lo sostiene el Señor.

Los días de los íntegros los conoce el Señor,
y lo que heredan les durará siempre;
cuando lleguen tiempos malos, no quedarán en ridículo,
y cuando haya hambre, comerán hasta hartarse.
Pero los malvados morirán;
los enemigos del Señor se irán como la flor de los prados,
se desvanecerán, como el humo se desvanecerán.

Pide prestado el malvado, y luego no lo paga;
el justo, en cambio, tiene compasión y regala.
Los bendecidos por el Señor poseerán la tierra;
los que él maldiga serán arrancados.
Es el Señor quien afirma los pasos del hombre
cuando le agrada su camino;
si tropieza, no se queda tirado,
porque el Señor le sujeta la mano.

Fui joven, y ahora ya soy viejo,
y no he visto nunca al justo desamparado
ni a sus hijos mendigando el pan.
Todos los días tiene compasión y presta,
y sus hijos traen bendición.
Aléjate de lo malo, obra lo bueno,
y tendrás siempre un sitio donde vivir;
porque al Señor le gusta el derecho
y no deja desamparados a los que le son fieles.
Estarán protegidos para siempre,
y la descendencia de los malvados será arrancada.
Los justos poseerán la tierra
y vivirán en ella por siempre.

El justo habla con sabiduría,
de sus labios sale lo que es justo;
la ley de su Dios la lleva dentro,
y no le resbalan los pies.
El malvado vigila al justo
buscando la ocasión de matarlo;
pero el Señor no lo abandona en su poder,
ni deja que lo condenen cuando lo juzguen.

Aguarda al Señor y no te salgas de su camino:
te pondrá en alto para que poseas la tierra,
y verás con tus ojos cómo arrancan a los malvados.
Yo vi al malvado, temido por todos,
ufano como un árbol frondoso en su propio suelo;
pasé otra vez, y había desaparecido;
lo busqué por todas partes, y no apareció.

Fíjate en el íntegro, mira al hombre recto:
quien busca la paz tiene porvenir;
pero los rebeldes serán aniquilados todos a la vez,
y el porvenir de los malvados será cortado.
Es el Señor quien salva a los justos,
su fortaleza cuando llega la angustia;
el Señor los auxilia y los pone a salvo,
los arranca de los malvados y los libra,
porque han buscado en él su refugio.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Edición de Ramón Fandos, traducción fiel del griego y del hebreo.

Cuándo se reza en la Liturgia de las Horas

En el salterio de cuatro semanas le toca al Oficio de lectura del martes de la semana II. Ocupa él solo toda la salmodia de esa hora: como es largo, la Liturgia de las Horas lo divide en tres partes seguidas, y así se reza entero en una sola vez.

El Oficio de lectura es la hora pensada para meditar con más calma la Escritura y los escritos de los santos, según su Ordenación general (n. 55). Le va bien: es un salmo para darle vueltas despacio, verso a verso, como quien escucha a una persona mayor que ha visto mucho.

Rezarlo hoy

Es largo, y no hace falta rezarlo de una vez. Como es una colección de dichos, se puede tomar una estrofa y dejar el resto para otro día.

Si algo te tiene encendido, una injusticia en el trabajo o alguien que se ha salido con la suya, prueba con los versos 7 y 8: «Quédate en calma ante el Señor y aguárdalo» y «Aparta la ira, deja el enfado». No niegan que tengas razón. Dicen que la rabia te hace daño a ti.

El verso 5 sirve para empezar el día o antes de una decisión que pesa: «Deja tu camino en manos del Señor, fíate de él, que él se encargará».

Y si has caído, en lo que sea, quédate con el verso 24: «si tropieza, no se queda tirado, porque el Señor le sujeta la mano».

Salmodiando te da cada día las horas enteras, con sus salmos, su cántico y su antífona propia, sin que tengas que buscar nada. Puedes rezarlas solo o a coros con tu grupo. Gratis, sin registro y sin anuncios.

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