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La Oración de abandono, de san Carlos de Foucauld

«Padre mío, me abandono a ti»: una meditación de 1896 que otros convirtieron en oración.

Tomada de una meditación sobre Lucas 23, 46 escrita hacia 1896. La forma que hoy se reza quedó fijada en diciembre de 1940.

Se reza en todo el mundo y casi siempre se presenta como «la oración del padre Foucauld». La historia real es más interesante. Carlos de Foucauld no la escribió como oración ni, que se sepa, la rezó nunca así: son unas líneas de una meditación suya sobre las últimas palabras de Jesús en la cruz, que sus seguidores abreviaron cuarenta y cuatro años después. Aquí tienes el texto francés, una traducción hecha para esta página, su origen y algunas maneras de rezarla.

Rezar la hora de hoy

El texto en francés

Esta es la forma que se reza hoy, con el tuteo que se ha hecho habitual en la oración en francés:

Mon Père,
je m’abandonne à toi,
fais de moi ce qu’il te plaira.

Quoi que tu fasses de moi,
je te remercie.

Je suis prêt à tout, j’accepte tout.
Pourvu que ta volonté se fasse en moi,
en toutes tes créatures,
je ne désire rien d’autre, mon Dieu.

Je remets mon âme entre tes mains.
Je te la donne, mon Dieu,
avec tout l’amour de mon cœur,
parce que je t’aime,
et que ce m’est un besoin d’amour
de me donner,
de me remettre entre tes mains sans mesure,
avec une infinie confiance,
car tu es mon Père.

Nuestra traducción

Hecha directamente del francés para esta página:

Padre mío,
me abandono a ti,
haz de mí lo que quieras.

Hagas de mí lo que hagas,
te doy las gracias.

Estoy dispuesto a todo, lo acepto todo.
Con tal de que tu voluntad se haga en mí,
en todas tus criaturas,
no deseo nada más, Dios mío.

Pongo mi alma en tus manos.
Te la doy, Dios mío,
con todo el amor de mi corazón,
porque te amo,
y porque para mí es una necesidad de amor
darme,
ponerme en tus manos sin medida,
con una confianza infinita,
porque tú eres mi Padre.

De dónde sale: una meditación sobre Lucas 23, 46

En 1896, Carlos de Foucauld era monje trapense en Akbés (Siria), con el nombre de hermano María Alberico, y estaba a punto de dejar la Trapa. Por entonces escribió unas meditaciones sobre los pasajes del Evangelio que hablan de la oración y de la fe. Se conservan dos manuscritos de su mano; el segundo, una copia en limpio, está fechado en Roma el 23 de enero de 1897.

Al llegar al versículo en que Jesús muere diciendo «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» (Lucas 23, 46), anota: «Es la última oración de nuestro Maestro, de nuestro Amado… ojalá sea la nuestra. Y que no sea solo la de nuestro último instante, sino la de todos nuestros instantes». Y a continuación desarrolla esa frase de Jesús, poniéndola en sus labios.

El original es más largo y más repetitivo que la oración que conocemos. Empieza con cuatro invocaciones seguidas: «Mon Père, je me remets entre Vos mains; mon Père, je me confie à Vous; mon Père, je m’abandonne à Vous; mon Père, faites de moi ce qu’il Vous plaira» (Padre mío, me pongo en tus manos; Padre mío, me confío a ti; Padre mío, me abandono a ti; Padre mío, haz de mí lo que quieras). Da gracias tres veces, no una, y extiende el deseo «a todos tus hijos, a todos los que tu corazón ama».

Quién le dio la forma actual

Lo contó Antoine Chatelard, estudioso de sus escritos, en un trabajo publicado en 1995. Entre el 11 y el 17 de diciembre de 1940, en Sainte-Foy-lès-Lyon, la hermanita Magdalena de Jesús leyó la meditación a las primeras novicias de su fraternidad y les propuso rezarla cada día. Para poder decirla juntas en voz alta quitaron algunas repeticiones, y aquella tarde quedó como hoy se conoce.

Impresa como oración apareció por primera vez en 1946, en el boletín de la Asociación Carlos de Foucauld. Muy pronto se olvidó el origen y empezó a llamarse «la oración de abandono del padre de Foucauld».

Chatelard saca dos conclusiones. La primera, que nada permite pensar que él la usara como oración ni que quisiera transmitirla como tal. La segunda, que rezarla es fiel a su deseo, porque él mismo pidió que esas palabras de Jesús fueran las nuestras. Y hace una advertencia útil: al abreviarla se perdió la frase «me confío a ti». Antes que de abandono, es una oración de confianza.

Quién era Carlos de Foucauld

Nació en Estrasburgo el 15 de septiembre de 1858. Fue militar y perdió la fe en su juventud. La recuperó en octubre de 1886, a los veintiocho años, tras su encuentro en París con el sacerdote Henri Huvelin. Entró en la Trapa en 1890, la dejó siete años después para vivir en Nazaret, y fue ordenado sacerdote en 1901.

Ese mismo año se instaló en Beni Abbés, en el Sahara argelino, y desde 1905 en Tamanrasset, entre los tuaregs, donde vivió de la oración y del estudio de su lengua. Allí murió el 1 de diciembre de 1916. No tuvo en vida ningún compañero: las fraternidades que se inspiran en él nacieron después. El papa Francisco lo canonizó el 15 de mayo de 2022.

Cómo rezar con ella

Recuerda de quién es primero. Es la oración de Jesús en la cruz, desarrollada. Se reza con él, no en solitario.

No te fuerces a decir más de lo que puedes. «Estoy dispuesto a todo» es mucho decir. Las primeras hermanitas añadían una palabra: «haz de mí hoy lo que quieras». Puedes hacer lo mismo.

Empieza por el final. «Porque tú eres mi Padre» es lo que sostiene todo lo anterior. Si un día solo puedes con eso, basta.

Rézala de noche. Las fraternidades la dicen al final del día, tras un breve repaso de la jornada. Encaja con Completas, que repite cada noche el mismo versículo de Lucas.

Salmodiando te da cada día las horas enteras de la Liturgia de las Horas, con sus himnos, sus salmos y sus lecturas propias, sin que tengas que buscar nada. Puedes rezarlas solo o a coros con tu grupo. Gratis, sin registro y sin anuncios.

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